viernes, 30 de mayo de 2014

¡SOLO ESO ME FALTABA!...¡ QUE MI HIJO SEA HOMOSEXUAL!

Eran las once de la noche, estaba observando tranquilamente televisión cuando de pronto sentí que la puerta se abrió bruscamente y golpeó contra la pared. Gulnara entró furiosa, con su cara roja de las iras y sus ojos vidriosos.

- ¡Solo eso me faltaba que mi hijo sea homosexual! - gritó furiosamente.
- ¡Trágame tierra! - fue lo único que pensé y me quede helado. 

- Acabo de hablar por teléfono con la madre de tu amante - me dijo con iras en su rostro.
- ¿Amante? - le pregunté extrañado. 

- Sí, amante - Afirmó ella.
- Yo no tengo ningún amante - Aseveré enojado. 

- Pues, tú amante está ahorita  borracho y acaba de declarar  todo.
- Declarar ¿Qué?
- Que los dos se comunican con las miradas, y que luego se ven en sitios donde su madre no los pueda ver. Su madre se ha dado cuenta de todo. 

- ¿Matías? - pregunté asombrado.
- Sí, Matías - Repitió.

En ese instante me reí.

- Además de homosexual... ¡Cínico! - me recalcó.

- ¡No lo puedo creer!  Matías no bebe y tampoco es mi amante. 

- Pero los dos tienen relaciones... 

- Igual  que tenemos entre usted y yo, tan solo son comerciales. 

- ¡No te puedo creer!  Antes ya supe lo tuyo con Pablo. Pensé que era pasajero y que te ibas a curar, además en ese tiempo no tenía una prueba fehaciente de tu homosexualidad, pero ahora la tengo.

- Nunca fuimos nada con Pablo - le dije.
- ¡Mientes! - Me gritó.
Suspire casi derrotado y no le respondí.

- La madre de tú amante dice que como tú eres un tipo de plata,  tú le pervertiste a él, pero ella dice que pagara todo el dinero del mundo para que los dos se curen.

- ¿Curarme de qué? 

- De tu enfermedad - me dijo enfáticamente. 

- Que se cure él.   

- Los dos son los enfermos - Gritó enfurecida. 

- A veces creo que la enferma es usted.
- No me respondas. ..¡Carajo! - gritó y me lanzó un chirlazo en la cara. - Yo siquiera lo hago con hombres - me dijo presumiendo.

Casi le digo - Yo también -   pero preferí morderme la lengua porque era seguro que me lanzaría otra cachetada.

- Por cada lágrima que me ha hecho derramar, usted  derramará mil - le dije amenazándola con mi mirada y mi mano.

- Las maldiciones de los homosexuales no surgen efecto - me dijo con un  gesto de seguridad y  de orgullo.

- ¡Maldita adultera! - Le grité lleno de iras. Ella me lanzó otro chirlazo y enseguida quiso tomar mi televisión y lanzarla por lo suelos.

- ¡Ni se le ocurra!  - le dije deteniéndola con mi mano. 

- Si usted rompe algo que es mío, enseguida llamó a la  policía, digo que soy adoptado y que he sufrido maltrato físico y psicológico y pido que me devuelvan donde las  madres.

- Llama..., ¡Corre y llama! - Me reto. - Tomaré un cuchillo, me rajo la cara y les diré que tú me quisiste matar. Además, te hago acuerdo de que ser homosexual es un delito en este país.

Ese rato me desarme y sentí que dos lágrimas salieron de mis ojos que estaban llenos de iras.

- Por cada lágrima que he derramado, usted derramará mil - le repetí. 

- Tus maldiciones, conmigo no funcionan. Yo tengo a Dios.

- El Dios dinero.

- ¡Y con el puedo destruirte! - dijo con gesto triunfante y amenazante a la vez.

Ella respiró profundo, trató de contener sus iras y dijo:
- Francisco, tienes que ir donde el psicólogo. 

- Ni loco...
- ¿Por que? - preguntó amistosamente. 

- Les conozco.
- Yo pago los gastos. Incluso si no resulta lo del  psicólogo yo pagaré la operación. -Dijo ella en tono conciliador.

- ¿Cómooo?
- Si, la operación. Haría cualquier cosa por verte feliz. 

- ¿Desde cuando usted se preocupa por que yo sea feliz?
-  ¡Eres cruel!  Ya entiendo el porqué tu amante quiere separarse de ti. 

- ¿Qué Matías quiere separarse de mí?... 

- Sí. El ha dicho ha su madre que quiere separarse de ti. Quiere ser normal y volver con su novia.
Al oír aquello me reí.

- La única amiga que tiene Matías es lesbiana - pensé. 

- Francisco, vayan los dos al  psicólogo. Nosotros pagaremos los gastos - me dijo Gulnara tratando de convencerme. 

- No conozco a Matías, pero pagaré los gastos. El que debe ir al psicólogo es él. 

- Eso cuesta mucho dinero - me dijo preocupada. 

- Lo pagaré. 

- Yo sé que lo harás, porque iras a trabajar con tu culo en la Colón - me vio con desprecio y se retiró.
- ¡Infeliz! - fue lo único que pude decir al verla.


Al cerrar la puerta lo único que quise es que la Tierra se abriera, me tragara y  yo desaparecer del planeta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario