viernes, 23 de mayo de 2014

SI TIENES UN HONDO PENAR... PIENSA EN MÍ



Al escuchar aquella canción a Tomás se le estremeció la piel. Regresó a ver hacia todos los lados de la cantina donde estaba él sentado recordando viejos tiempos, pero no vio a nadie conocido.

Miro hacia la rocola, habían puesto su tema favorito.
Tan solo un hombre podía haber puesto ese tema, pero eran varios años que no lo veía.

- El señor que esta detrás de usted le envía este trago - le dijo el mesero.

Tomás inmediatamente regresó a ver quién estaba  atrás.
Al ver quién era su rostro volvió a brillar la felicidad.

- ¡Renzo! - dijo alegremente.

- ¿Puedo sentarme contigo? - preguntó Renzo con una risa picara.
- ¡Por supuesto! -  Dijo Tomás emocionado.

Renzo se levantó y sintió ganas fuertes de abrazar a Tomás, pero miro a su alrededor y recordó que estaba en una cantina sumamente machista. Cualquier expresión de afecto entre dos hombres era considerada como anormal.

Los dos contuvieron las ganas de abrazarse. Renzo se sentó en la mesa donde se encontraba Tomás.

- ¡No tienes idea la alegría que siento al verte de nuevo!
- Tampoco la tienes tú. - le dijo Tomás.

- He rogado a Dios todos los días para que nos volviéramos a encontrar.
- Dios escuchó tus suplicas y también las mías.

- Posiblemente demasiado tarde - dijo Renzo en tono triste.
- ¡Nunca es tarde! - Replicó Tomás.

- Nunca es tarde para volvernos a amar - le dijo Renzo cambiando su gesto.

- ¿Me sigues amando?
- Te he amado siempre.

- ¿Dónde estuviste?

- Mis padres me enviaron a Venezuela, luego fui a la Zamorano y acabe viviendo en los Estados Unidos. Hoy he vuelto. Te escribí varias cartas, pero no supe nada de ti.

- Fui varias veces al departamento,
   pero los dueños de casa me dijeron que nunca recibieron una carta para mí.

- Seguro que se la dieron a mis padres - dijo Renzo, mientras que Tomás suspiró.

- Mi madre murió al poco tiempo, mi padre no me perdona, ni  quiere verme.
   Tengo miedo de estar aquí. 

- ¿Dónde estas viviendo?
- Estoy hospedado en casa de un amigo. 

- ¿Te quedaras aquí?
- ¡Depende! 

- ¿De qué depende?
- Tan solo de mí...

Los dos se quedaron mirando a los ojos.

- Tomás ¿Estas pensando lo mismo que yo?
- Sí - respondió él.

Los dos subieron en el carro de Renzo y fueron hacia un pueblo que se encontraba a media hora del Palmira, se hospedaron en un hotel y pasó lo que tenía que pasar.

Al siguiente día Renzo le dijo a Tomás.

- Quiero verte de nuevo.
- Yo te llamaré a casa, diré que me llamó Fausto y que soy amigo tuyo de la Zamorano.

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