jueves, 29 de mayo de 2014

SÍ O NO... EL PUNTO MEDIO TAN SOLO CAUSA SUFRIMIENTO



Recibí por correo una invitación para asistir al Tercer Congreso Mundial de Filosofía Cristiana.

Me fije en el sobre pero no había remitente. En su interior había un tríptico publicitario en el cual constaban los temas que se iba a tratar, sus exponentes, la fecha en que se iba a realizar y el valor de la inscripción. Creí que padre Marco Vinicio  Rueda  había dado mi nombre para aquel evento.

Fui a inscribirme y al rato que quise pagar la inscripción.

- No hay problema, su inscripción ya esta pagada - me dijo la secretaría.
- ¿La pago Padre Marco o madre Magdalena?
- No, su inscripción fue pagada desde España. - me contestó. 

- ¿Quién la pago?
- Padre Aurelio - me dijo ella. 

- No conozco a tal padre.
- Pero parece que él sí le conoce a usted.

Asistí al Congreso y me sentí medio incómodo entre tantos sacerdotes que venían de todo el mundo. Sabiendo que detestaba la filosofía, me  pregunté 

- ¿Qué hago aquí?

Había un grupo muy especial formado por  cinco sacerdotes. Ellos eran jóvenes,  apuestos, elegantes en su vestir e llamaban la atención del resto cuando caminaban. Vestían su clergyman negro, zapatos de charol y cada uno llevaba un bolso pequeño de cuero negro.

En el coffe break noté que me observaban e hice lo mismo. Inmediatamente ellos fingieron no verme y empezaron a conversar entre sí.

- ¡Son los cerebros de la Iglesia! - me dijo un señor que estaba junto a mí tomando café, al notar que los estaba observando. 

- ¡Impresionante!... ¡Son tan jóvenes! - le dije. 

- ¡Y tan guapos! - dijo una señora que estaba junto a nosotros. - ¡Qué desperdicio!
No entiendo como hombres tan guapos decidieron hacerse curas - dijo ella dando un suspiro.
- Yo tampoco...

Noté algo raro en ellos.  A cada charla a la que asistía, uno de ellos se sentaba junto a mí, sentía claramente que me estaban analizando y observándome de reojo. Varías veces al regresar a ver, notaba que me estaban mirando. Me sentí como si fuese perseguido.

El último día del congreso uno de ellos se acercó a mí. Él era de mediana estatura, blanco, ojos azules y pelo castaño.

- Hola, ¡Qué tal! - me saludo.
- Bien gracias. 

- ¿De que congregación eres?
- No soy religioso - respondí sonriéndome. 

- Lo pareces.
- Posiblemente, pero no lo soy. 

- Pero vives en una  comunidad religiosa.
- ¿Eres amigo de Padre Marco? - le pregunté intrigado. 

- No, mi nombre es Donato, soy de Pamplona, España. Soy investigador de asuntos eclesiales e investigo también  religiones. 

- ¡Qué trabajo tan interesante! - le dije
- ¿Quisieras trabajar conmigo? 

- Apenas me conoces y ya me propones trabajo - le dije extrañado.
- Te conozco más de lo que te imaginas. ¿Aceptas mi  propuesta? - me preguntó tomándome fuertemente de la mano.
- Sí. - Contesté como si estuviese hipnotizado ante la fascinación que  sus ojos ejercían sobre mí.

Donato separó inmediatamente su mano de la mía, la hizo puño y golpeo en gesto de triunfo la palma de su mano izquierda.

- En esta vida las cosas funcionan con un "sí" o con un "no".  El punto medio tan solo existe para los mediocres. Tan solo causa sufrimiento y confusión. La vida es radical,  eres o no eres. O lo haces bien o no lo haces. Dices "sí" o dices "no". Tú me dijiste que sí. Te espero mañana a las ocho de la  mañana en esta dirección. Tienes una entrevista…

- Está bien. Llevaré mi hoja de vida - le dije. 

- No hace falta. Nosotros sabemos varias cosas sobre ti, y  lo que no sabemos, lo averiguaremos.
Me quede estático ante todo lo que él me dijo. Me fue difícil asimilarlo y trataba de comprender el porqué sabían varias cosas sobre mí.

- ¡No te quedes allí parado! ¡Anda a tu casa y prepárate para mañana! Con nosotros aprenderás muchas cosas. Realmente esta es una oportunidad que no todos la tienen - me dijo él en tono optimista.

- ¡Nos vemos mañana!
- ¡Nos vemos! - me dijo. 

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