viernes, 30 de mayo de 2014

¡QUÉ DIFÍCIL ES QUE UN MILITAR PIENSE!


- ¿Cómo la pasaste la noche de grado?  - me preguntó Ramiro, uno de mis mejores amigos de curso en la Academia. 

- Plenísimo, le hice morir de iras a Gulnara. 

- Yo también les hice morir de iras a mis viejos, llegué a la ceremonia borracho...
- Eres un salvaje - le reclamé. 

- ¿Y tú? , no te me hagas el santo.
- Gulnara se lo busco... 

- ¿Por qué?
- Seis años de soportar ese colegio para que a la final me  venga a decir: No estoy orgullosa de ti - le dije imitando  a Gulnara. 

- Los padres no entienden el sacrificio que hacemos los hijos al estar en la Academia.
- No lo  entienden.- Dije resignado y en tono burlesco. 

- ¡Vamos al ejército! - me propuso.
- ¡Estas loco! - le reclamé. - Seis años de disciplina militar y ahora quieres que me pase obedeciendo por el resto de mis días. 

- Pero es la única manera de estar lejos de nuestros viejos - Razonó él.
- Deben existir otras - le dije. 

- ¿Cuáles? - me preguntó.- No tenemos plata, no tenemos profesión...
- Somos pobres y vivimos lejos... 

- Y mi padre es ladrón  - dijo Ramiro. 

- Tienes que decir: mi padre es banquero.
- Correcto ¡Colega!





- Gulnara...Quiero ir al Ejército - le dije mientras cenábamos.

Ella pegó un salto de felicidad - ¡Por fin Francisco pensaste! - dijo festejando 

- Ese ha sido el sueño de toda mi vida. Voy a tener un hijo militar - gritó emocionada. 

- ¿Y a esta... qué le paso? - Me pregunté al verla tan alborozada.



Fuimos a la primera entrevista. Entregue mi carpeta al capitán, él no observó mis documentos detenidamente, sino que se fijaba en una pequeña cola de pelo que me había dejado crecer.

- Se ve ridículo con esa cola - me dijo.
- ¿Qué tiene que ver la cola con esta entrevista? - le pregunte y él se quedó en silencio. 

- Disculpe que sea indiscreto, ¿pero puedo hacerle una pregunta?
- Sí - contesto bruscamente. 
- ¿Usted piensa?

El respiro profundo y lanzó la carpeta hacia mí.

- Usted no puede entrar a nuestra "prestigiosa Institución" - dijo furioso.

Tomé la carpeta y Gulnara me regresó a ver con gesto de capataz.

- Su esposo tenía razón - le dije. Gulnara tomó la carpeta y se dirigió hacia la oficina donde trabajaba el cuñado de su hermana. A los pocos minutos volvió.

- Empiezas exámenes mañana - dijo.
- Pero ya no quiero entrar al ejército - le dije 

- ¡Empiezas exámenes mañana! - ordenó.
- ¿Le puedo hacer una pregunta indiscreta? 

- No - respondió inmediatamente.



- ¿Cuál es esta letra? - me preguntó el oftalmólogo al señalarme una E.
- La C. - respondí. 

- La siguiente...
- Una E -  Pero era un V. 

- La siguiente...
- La D.- Pero era un H.

Y fingí por poco que no veía. El se acercó hacia mí y analizó mis ojos y escribió su informe.

- Con este estado de ceguera, no aprobaré y Gulnara me dejará en paz. - pensé.

- Ha aprobado todos los exámenes médicos - me dijo él. 

- ¿Queeé? - pregunté incrédulo. 

- Mañana empieza los físicos.


- No puede subir el cabo - Dio el informe un sargento a su superior sobre mi deplorable estado físico.

El teniente al ver mi ficha me dijo burlándose - Usted no podrá soportar nuestra disciplina. No ha hecho las abdominales requeridas. Lanzó la bala apenas tres metros, no puede hacer flexiones de pecho. Ahora que le toca correr, no alcanzará ni siquiera  la primera vuelta...

Yo tan solo lo escuchaba y quería que me descalifique.

- Usted viene de un colegio de señoritas ricas… ¡Esta institución es para hombres! - Me dijo en tono orgulloso. - La siguiente prueba es para hombres - me volvió a repetir.

Me quedé pensativo por un momento y concluí. - He hecho todas las pruebas mal, seguro que si hago un buen tiempo en esta, no me aceptaran.  Lo que este idiota no sabe es que soy fondista - me dije a mí mismo.
- En sus marcas, listos, fuera... - dio la voz aquel teniente.

Empecé a trotar tranquilo. Sabía que la clave era dejar que el resto se queme para luego superarlos.
Al llegar primero la meta el cronometrista gritó - El ha hecho el mejor tiempo en 4.000 metros.
El teniente no pudo ocultar su rostro de asombro mientras pasé por su lado.

- ¡Adiós!- me despedí.
- Hasta mañana... - me dijo él. 

- He dado todas las pruebas mal. - Le reclamé. No quería que me acepten.
- ¡Excepto esta!. Eres un buen atleta y nos puedes ser de mucha utilidad.
   Mañana empiezas las pruebas intelectuales.

-          ¡Maldición! - me dije a mi mismo.

________________________________________________________________________

- Las provincias del Ecuador no son 19, son 20 - me corrigió un cadete de tercer curso que estaba encargado de vigilar que no copiáramos.

- ¿Qué esperas? - me decía y no le respondía nada.
- ¡Borra!... y pon la respuesta correcta.

Como las respuestas estaban escritas a lápiz, tomaba el borrador, la borraba de mala gana y ponía la respuesta correcta.

- Abraham Lincón fue presidente de los Estados Unidos, nunca ganó el premió Nobel de la paz - me corrigió.
- Debería haberlo ganado - le insinué. 

- En ese tiempo no existían los Nobel - me dijo y otra vez tuve que borrar y poner la respuesta correcta y así lo tuve que hacer sucesivamente en todas las pruebas porque este cadete me cogió tal cariño que por poco me daba haciendo el examen él mismo.

Al llegar a la prueba de Inglés, no deje que él se me acerqué, apenas me dieron la hoja, la empecé a llenar, y por tratar de impresionar al resto,  salí primero. 

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Un sábado por la noche, en una reunión familiar. Hubo una llamada telefónica. Gulnara la contestó.
- Señora, su hijo entra becado al Ejército, es buen atleta y sabe otro idioma.

Gulnara dijo alegremente a todos:

- ¡Francisco va a ser militar!
- ¡Bravooooo! - gritaron todos. 

- ¡Soy un imbécil! - me critiqué  a mi mismo.
- Felicidades, Francisco - dijo Margarita, la  hermana menor de Gulnara.

- Esto me pasa por correr como desaforado - me reclamaba a mi mismo.
- Serás el orgullo de la familia - dijo Gustavo,  el único hermano varón de Gulnara. 

- ¿Puedo pensar hasta el Lunes si voy o no voy al ejército? - pregunté a Gulnara.
-  Tú sabes que siempre he respetado tus deseos...

________________________________________________________________________

- Gulnara... no voy a entrar al Ejército - Le dije el  lunes por la mañana.

- ¡Solo eso me faltaba! - me dijo Gulnara y cayo inmediatamente sobre el sofá, puso su mano en su cabeza y su rostro se empezó  a poner rojo.

- ¡Qué mal hijo que eres! - me reclamó - Yo lo he hecho todo por ti. Si quiero que vayas al ejército es porque quiero que  asegures tu futuro, porque tengas una buena profesión. Todo lo hago por ti, pero ese es tu  pago. - y puso sus manos en la cabeza.

- ¡Esperanza! - gritó. 

- ¿Qué señora? - respondió la sirvienta
- Tráeme mis pastillas, las necesito, me siento mal. Francisco me va a matar... 

- Voy al Ejército - le dije.

Gulnara se incorporó rápidamente.

- No traigas nada - le dijo a Esperanza - Este momento voy a sacar la plata del banco para comprar los uniformes - dijo alegremente y corrió a tomar la llave del auto.


- Ya quiero vestir el uniforme de gala - dijo uno que caminaba  junto a mí al ingresar a los dormitorios el día de ingreso al ejército. 

- Con cualquier uniforme impresionaremos a las peladas - le  dijo otro.
- ¡La escuela es inmensa! - decía admirado otro. 

- ¡Me encantan las piscinas!- dijo otro.
- ¡Ilusos!, no saben lo que les espera - les dije.

A la noche se asomó al dormitorio aquel cadete que me ayudó a corregir las pruebas.
- Estoy contento de que  estés aquí. Yo te ayude  de todo corazón porque tienes pinta de militar, tienes pinta de ser noble - me dijo en tono de orgullo - y esta profesión es noble.

Ese momento agaché mi cabeza.

- ¿Qué te pasa? - me preguntó. 

- Nada. Tan solo necesito estar solo - le dije, porque en aquellos momentos lo que mejor podía haber hecho por mí aquel hombre era desaparecer de mi vista.






Después de un mes de estar en aquella "prestigiosa institución", la vida allí se me volvió insoportable...

- Ya estuve seis años en la Academia - me dije - no deseo este estilo de vida por el resto de mis días.


Al momento en que iba a pedir la baja. Un brigadier del otro pelotón vino con un recluta  y le dijo al teniente que dirigía mi pelotón - Este recluta pidió la baja. Antes que salga a la vida civil, quiero que pelee con el mejor quiño de su pelotón. ¡Sáquele la mierda para que se acuerde de nosotros!

- Mejor pido la baja más tarde - pensé.

La pelea empezó y gritos de euforia se escuchaban alrededor.

- Dale...
- Pégale a ese recluta...
- Mátale a ese futuro civil...

Y uno que estaba alado mío, que era egresado del Colegio Militar gritaba como un fanático. - Pégale... Sácale sangre.. Dale duro... Detesto a los civiles...

- Tus padres son civiles, tus familiares son civiles,  y con los impuestos de los civiles, viven los militares - le dije.

El se quedó en silencio y al poco rato empezó de nuevo - Pégale... Mátale... Dale duro...

- ¡Qué difícil es que un militar piense! - me dije al ver aquel cuadro.

Al siguiente día estaba saliendo de aquella para mí ...supuesta "prestigiosa  institución". 

No hay comentarios:

Publicar un comentario