jueves, 22 de mayo de 2014

¡NO PUEDE SER!



- Padre Francisco, en esta comunidad tan solo somos tres religiosos.
   Padre Alberto que es un viejito de 78 años, Padre Tomás que acabo de venir de Francia y su  servidor.
   Hemos preparado un almuerzo de bienvenida para usted.
   Pero primero llamaré a Tomás para que lo lleve a su dormitorio y luego le haga conocer la comunidad.

Miguel abrió la ventana de su oficina que daba hacia el patio y grito a un niño que estaba caminando. 

- ¡Llama a Padre Tomás!...Dile que lo necesito...

A los pocos minutos de estar conversando con Miguel, escuché dos golpes en la puerta.

- ¡Adelante! - dijo Padre Miguel.

La puerta se abrió y regrese mi vista para conocer quién era Padre Tomás. Lo vi y sentí que se me heló la sangre. Me quede mudo tal como se quedaron Miguel y la señora pocos minutos antes.

Padre Tomás hizo lo mismo. Me quedo viendo sin pronunciar ni una sola palabra.
Los dos nos repetíamos en nuestra mente - ¡No puede ser!

- ¡Solo eso me faltaba! - pensé yo. Quería llamar a Aurelio y decir que mi misión se arruinó.
Aunque me habían entrenado para fingir, esta vez no pude ser buen actor.
Padre Miguel notó mi actitud.


- ¿Ustedes ya se conocen? - preguntó Miguel
- No - contestó inmediatamente Tomás. 

- ¿Pero parece que ustedes ya se conocieran? - insistió Miguel.

- Había escuchado hablar tanto de usted a Miguel, que me pareció haberlo conocido antes - me dijo Tomás.
- Tuve la sensación de haberlo conocido en Italia - le dije fingidamente.

- Solía ir a Italia de vacaciones, pero nunca llegué a casas de la comunidad.
   ¡Vacaciones son vacaciones! - dijo Tomas.

- ¡Tomás!... Lleve al Padre Francisco a su dormitorio, luego hágale conocer nuestra obra.
  ¡Almorzaremos a las dos! - Ordenó Miguel.  

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