viernes, 30 de mayo de 2014

NO HACE FALTA DECIR "TE AMO" SOLO EN CASOS DE EMERGENCIA

Eran las doce de la noche y Gulnara salió abrirme la puerta. Al verme preguntó asombrada.

- ¿Qué paso?
- Volví un día antes de lo planeado, no pude quedarme en Cali. 

- Pasa - me dijo con un tono suave. 

- ¿Dónde está Esperanza?
- Se fue de vacaciones. Mi tía Rosa me vino a ayudar. - dijo ella.

Tomé mis maletas y caminé rápidamente delante de ella.

- Traje algunas cosas para la familia.
- ¡Espera!... las abriremos en tu cuarto - me dijo ella 

- Es preferible en el suyo.
- Francisco, estoy cansada. Mejor vemos las cosas mañana. 

- Compré unos juegos de toallas plenísimos, quiero que los vea.

Entre al cuarto de ella y vi que alguien estaba  en su cama cubriéndose con la colcha la cabeza, pero claramente se podía notar su mano.

- ¿Vino Patricia a hacerle compañía?
- Sí - respondió ella nerviosamente. 

- Por lo visto Patricia tiene manos de hombre...
- Francisco, ¡Ten calma hijo mío! - me dijo abrazándome. 

- No me importa el hecho de que usted este con un hombre, él es casado - le dije al ver el reloj que estaba en  aquella mano.

Inmediatamente arranché la colcha  y aquel hombre quedo al descubierto y se levantó rápidamente.

- Francisco, ¡Discúlpeme! - me dijo con su aliento alcohólico, pero pareció que en pocos segundos se le fue la borrachera. 

- ¡Vístase y vallase! - le dije. 

- Hijo mío... ¡Tranquilízate! - me dijo Gulnara dándome un beso en la mejilla. 

- Estoy tranquilo, pero ese hombre es casado - le reclamé. 

- ¡Pero soy hombre! - Recalcó  con el típico tono machista

- ¡Vallase! - Ordené. 

- ¡Francisco!, ¡Cálmate!, tú sabes que yo te amo - me dijo Gulnara. 

- No hace falta que me diga "te amo " solo en casos de  emergencia.





A los  pocos días Gulnara vino a mi dormitorio y se paro firmemente en la puerta con pose de capataz.

- Por si no lo sabes… mi familia ya sabe lo que paso cuando llegaste de Colombia y tengo todo su apoyo.
- ¿Y eso que tiene qué ver? 

- Te lo digo por si acaso... - me dijo con un tono amenazante.
- Ya me había olvidado del asunto.


Salí a comprar un cigarrillo y me encontré con el amante de Gulnara.

- Si usted piensa avisar  a mi esposa lo que pasó aquella noche, le juro que digo a todo el barrio que usted es un recogido. 

- ¿Recogido? - le pregunté extrañado. 


- Si, Gulnara me dijo que lo recogieron de la calle. 


No era la primera vez que alguien me decía aquello. Gulnara siempre decía aquella mentira al resto
para ella quedar como buena samaritana. 

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