viernes, 30 de mayo de 2014

LO TIENE TODO Y ES INFELIZ

- Sé que un hombre mayor influye en tu vida - me dijo Gulnara a la hora de la cena en un gesto de desafió.
- ¿Quién? -  pregunté. 

- Se llama Pablo, es cuatro años mayor que ti y además es marica.
- Pablo ¿Marica? - dije riéndome. 

- Si, él es marica - dijo Gulnara  despectivamente.
- El está casado - afirmé. 

- Por lo visto, el ser casado hoy ya no es garantía - dijo   ella en gesto irónico y me preguntó:
- ¿Qué eres tú para él?
- Somos dos buenos amigos.

Gulnara respiró profundo creyendo que le mentía y me dijo:

- Sé que él fue donde la sicóloga de la Academia y dijo que  estaba enamorado de ti.
¿No es eso una prueba suficiente  para saber que andas con un homosexual? 

- ¿Cuánto le paga a la sicóloga para que tenga que andarle informando de mi vida? - le reclamé.
- ¡Soy tu madre y tengo que saberlo todo! - me dijo airada y dando un golpe en la mesa. 

- ¡Devuélvame al convento! - le pedí - Allí están mis madres.

Gulnara respiró profundo e inmediatamente se levantó de su asiento fue a llamar por teléfono.

- Alejandra, Francisco quiere volver donde las monjas...

Gulnara escuchó lo que decía su hermana y cerró el teléfono casi furiosa.

- No puedes volver donde las monjas - me dijo.
- ¿Por qué? 

- Hable hace un mes con madre Magdalena. Ella no puede tenerte.
- Quiero hablar con ella. 

- ¡Entiende! - me gritó - Las monjas no pueden tenerte, ni siquiera tu madre puede tenerte.
   He conversado con ella, y ella no quiere saber nada de ti.

Hice lo posible porque no se me fueran las lágrimas y, Esperanza, la sirvienta retiró el plato de mi mesa.

- Joven Francisco, usted siempre tiene los ojos tristes - me dijo  y Gulnara se burló.

- Tiene todo y es un infeliz - dijo en forma hiriente - Ni   siquiera nosotros que hemos sido hijos propios hemos tenido todo  lo que él tiene.

Suspiré - Me hace falta algo... - me dije  a mí mismo. 

- Me arrepiento el haberte adoptado.- dijo despectivamente. 

- ¿Entonces por qué no me devuelven  donde las monjas? - le grité. 

- Porque tú eres un impedimento para mí - me gritó y luego apretando los puños dijo con un gesto de rabia en su rostro - ¡No tienes idea  de cuanto te odio!.- Respiró profundo y se retiro.

- Su vida es un infierno - me dijo Esperanza al ver aquella escena.

- Y todos se imaginan que es un cielo - le dije.

Subí al baño. Tome el botiquín y había como unas doscientas pastillas de todos los colores y sabores, incluso algunas caducadas que sirvieron para aliviar los dolores causados por  el cáncer que tuvo Alfredo.
Me las tomé de poco en poco, bocados de agua  y grupos de pastillas. Prefería estar muerto a vivir el infierno que vivía con Gulnara.

Me fui a recostar en mi cama y pensé - Me quedo dormido y para mañana tan solo mi cuerpo estará aquí.

De pronto una figura de un hombre hecha en luz apareció al pie de mi cama. Lo podía ver claramente aunque el cuarto estaba oscuro. 

El era alto, hermoso. Era una imagen en tres dimensiones hecha totalmente en luz.
El extendió su mano y la tome. 

Sentí una energía pacificadora que entró dentro de mí y sentí que aquel ser me amaba. Su rostro era sumamente bello y emanaba amor. 

No quise soltar su mano, quería aferrarme a él, pero él desapareció y mi mano quedo con su energía por varios minutos.



Al siguiente día Esperanza me saludó:

- Joven Francisco, ¿Como está?
- Muy bien, vivito y coleando- respondí alegremente.

Al rato Gulnara bajo y preguntó desafiante:

- Francisco, ¿Qué has hecho con las pastillas del botiquín?
- Me las tomé todas. 

- ¿Quisiste suicidarte? - preguntó cautelosamente.
- Sí. 

- ¡Dios mío! - exclamó esperanza llevándose sus manos hacia la cara.

Gulnara respiró profundo y me miró despectivamente. - ¡Ojala te hubieras muerto!

- ¡Qué lastima! - le dije - Hay Francisco para rato...

Esperanza se rió. - Hay Francisco para rato - repitió contenta.

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