viernes, 30 de mayo de 2014

CATÓLICAS Y CREYENTES EN BRUJAS


- Gulnara, yo tengo una amiga que se llama Filo y sabe leer  muy bien las cartas - le dijo Inés Guayasamin, la hermana mayor de Alfredo. 

- ¡Vamos a verla! - le dijo inmediatamente Gulnara.
- Quiero que vayas conmigo - me pidió.

- ¿Para qué?  No creo en esas cosas - le dije.
- Por eso mismo, para que creas.

- ¡Ese no es su hijo! - le dijo doña Filo a Gulnara, luego de que Inés nos presentara.

Gulnara y Inés se quedaron viendo asombradas por la veracidad de doña Filo.

- No hace falta ser bruja para darse cuenta que Gulnara y yo no nos parecemos en nada - pensé.

Luego Gulnara siguió las instrucciones de doña Filo. Barajo el tarot y con la mano derecha armó tres grupos. Uno representaba a su pasado, otro a su presente y otro a su futuro.



Doña Filo fue dando vuelta a las cartas y ubicándolas sobre la mesa.

- ¿Te leo delante de ellos? - le preguntó a Gulnara.
- Sí, por mí no hay problema - Contestó ella.

Doña Filo empezó a leer las cartas a Gulnara y era como si esta señora la hubiese conocido desde antes. Le describía muchas cosas sobre su pasado y sobre su carácter.

- Tú tienes un amante - le dijo al ver las cartas que representaban su presente - Y te encanta acostarte con él.

Gulnara no se inmuto. Inés  me regresó a ver con cara de picardía y me reí con ella. Por fin había descubierto que su santa cuñada no era tan noble como parecía. Lo único que  le falto decir a doña Filo en las cartas era que el amante de Gulnara era un chofer. Mi risa empezó a ser más picara tan solo de imaginarme qué pasaría si mi tía se enterase.

Luego de leer las cartas a Gulnara, doña Filo se dirigió hacia mí.

- Ahora leámosle las cartas al incrédulo...
- ¡Hazte leer las cartas! - insinuó Gulnara. 

- Bueno - respondí
- ¿Te las leo delante de ellas? - preguntó doña Filo. 

- Yo me hice leer delante de ti, ahora te toca a ti - interrumpió Gulnara. 

- Bueno - dije otra vez.

Al leerme las cartas, sentí que esa señora estaba sacándome una radiografía de todo mi pasado. Era tan certera que mis manos se pusieron a sudar. - Vives en una jaula de oro - me dijo. Pero cuando llego al presente, tuve que inmediatamente poner mis manos sobre las cartas.

- ¡Deténgase! - ordené.

Regresé a ver a Gulnara, ella tenía un gesto de triunfo.   Inés se puso sumamente seria y noté severidad en su rostro.

- ¡Ya fue tarde! - me dije derrotado.

Gulnara estaba buscando un arma con la cual atacarme. Doña Filo le dio la bala con la cual podía destruirme. Sude frió y mis piernas temblaron por un momento.


- Le voy a recomendar a varias de mis amigas - le dijo Gulnara a doña Filo y le pago más de lo que debía. Gulnara salió muy contenta, mientras que yo salí sin habla de aquel sitio. 


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