viernes, 30 de mayo de 2014

EL USO DE LA RELIGIÓN PARA CHANTAJEAR A LOS HOMOSEXUALES

- Francisco, tienes que venir a casa - me dijo Gulnara por teléfono a la semana siguiente.
- ¿Qué paso? 

- El hermano de Alfredo acaba de fallecer. Tu tía Inés  nos pasará  viendo por casa para luego ir al funeral.

Fui a casa y noté a Gulnara  sumamente nerviosa.

- Tú no dirás que estás viviendo fuera - ordenó.
- ¿Y si aviso? - le reté. 

- Simplemente diré a la familia de tu padre que eres homosexual.
- Usted gana. Haré un buen teatro.- le dije resignado.




En el funeral la conversación se centraba en alabanzas y admiración a Gulnara. De mala gana me mantuve en silencio todo el tiempo.

- ¡Le admiro mucho Gulnara! - le dijo Inés. 

- ¿Por qué no se volvió a casar? - Le preguntó a Gulnara, Madre Rosalía Guayasamín, hermana de Alfredo y religiosa franciscana. 

- Porque amo tanto a Francisco, que no soportaría que otro hombre suplante ese amor. He tenido buenas propuestas  matrimoniales, pero no estoy segura de que esos hombres  lleguen a amar a Francisco como yo.
- Francisco, tienes que agradecer a Dios, tener una madre tan buena - me dijo Inés. 

- ¡Soy ateo! - Contesté.
- La educación católica que le di a Francisco no sirvió de nada - dijo mi simulacro de ejemplar amantísima  madre ejemplar.


CUATRO MESES DESPUES...

Recibí otra llamada de Gulnara...

- Francisco, tu tía Inés nos ha invitado a que vayamos al club con sus hijos.
   Ellos pasaran mañana a las ocho a recogernos, ven temprano.


Al siguiente día fingimos con Gulnara ser la madre e hijos perfectos, aunque por dentro quería que Inés se entere. Ya no quería seguir en la casa de estudiantes. Inés  me podía ayudar.

Al volver a Quito y pasar cerca de la casa de estudiantes donde vivía ordené.

- ¡Paren por favor! Aquí me quedo - le dije a mi primo. 

- ¿A dónde vas?  - preguntó Inés mientras que vi que el rostro de Gulnara se estaba poniendo rojo. 

- A casa - respondí. 

- Si allá mismo vamos - me dijo Inés. 

- Yo ya no vivo con Gulnara - afirmé.

Gulnara se mordió los labios y me regreso a ver con gesto amenazante. Con mis ojos le dije que si ella decía que soy homosexual, yo diría que es amante de un chofer y además casado.

- Gulnara, ¿Por qué me dijo que usted vivía con Francisco y que pagaba sus estudios?

- ¡Grandísima mentirosa! - pensé y me mordí la lengua para no hacerla quedar mal. 

- ¡Francisco tiene un carácter terrible! - dijo Gulnara en papel de víctima y continuó  - Es necesario que Francisco experimente lo que es la pobreza, porque él no tiene noción de lo que es el valor del dinero. Eso me aconsejó la  psicóloga  de la Academia.

Inés inmediatamente me regresó a ver y me ordenó:
- Te espero esta noche en casa de mi madre, tenemos reunión familiar. 

- Estaré allí - le dije y regresé a ver a Gulnara con gesto triunfante en mi rostro

- ¡Hasta Luego! - les dije a todos.
- Adiós - respondió Gulnara.
- ¡Hasta luego! - respondió el resto.  



La codicia, madre de la corrupción. 




EN LA REUNIÓN FAMILIAR

- Necesito que me des tu versión - pidió Inés delante de la familia de Alfredo.

- Gulnara me dijo que yo era hijo adoptivo y que tenía que  salir de casa porque su obra de caridad conmigo se había excedido en el plazo.

- ¡Gulnara es una desgraciada! - gritó con iras Inés. 

- ¡Es una puta! - dijo Mariana, sobrina de Alfredo. 

- ¡Es una ladrona! - dijo Camila, la madre de Alfredo. 

- Francisco, ¿Cómo puedes estar viviendo fuera, si esa casa te  pertenece? - me preguntó Inés. 

- Gulnara me dijo que nada era mío. 

- Francisco, mi hermano al morir te dejo la mitad de la herencia a ti, además Gulnara tomó en tu nombre la herencia que te  pertenecía por parte de mi padre.

Ese rato me quede pensativo. Trataba de captarlo, pero no lo podía entender.

- Francisco, tienes que averiguar a nombre de quien esta la casa - me pidió Inés.

- ¡Tú te vienes a vivir en esta casa! Tengo miedo que Gulnara o su familia te hagan algo - ordenó Camila.

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