viernes, 30 de mayo de 2014

HASTA DONDE PUEDE LLEGAR LA AMBICIÓN...

Un día por la mañana llamé a Julio por teléfono.

- Julio, ¡Amanecí pelado las piernas! - le dije asustado por teléfono. 

- ¿Con quién te revolcaste? - me preguntó  riéndose. 

- No te burles. Te estoy hablando en serio. No tengo ningún  bello en mis piernas. 

- ¡Mujeeer!... ¿Te depilaste? 

- No… ¡Animal! Me depilaron y sin darme cuenta.
 
- No te creo - me dijo en tono incrédulo. 

- No estoy bromeando.
  Encontré debajo de mí cama un frasco tapado con una franela roja que tenía
   dentro mierda con aceite y sal. 

- ¡Eso es brujería!

- Debajo del último cajón de mi clóset encontré un pequeño ataúd que contenía un mechón de mi pelo amarrado a un dedo de muerto con una cinta roja - le dije alterado. 

- Te quieren matar - me dijo Julio.

- ¿Por qué? 

- Entre brujas no se quieren - me dijo riéndose.
 
- Julio, aunque no lo creas estoy asustado. - le dije sintiéndome inquieto.

- Francisco, tan solo confía en Dios, El es más poderoso que todas esas huevadas. Pero realmente me sorprende que Gulnara sea así contigo.  A ella se le ve tan buena...

- Gulnara es aparentemente buena, pero  por dinero ella puede vender su alma al diablo. 

- Me da pena de ella... 

- ¿Por qué? 

- Es bruja principiante. No sabe que cuando hace daño a otra bruja como tú, toda su maldad se le revierte...
- ¡Deja de ser fastidioso! 

- Nañita, yo siempre estaré contigo, besos y adiós. - me dijo riéndose.






A medio día le enseñé a Gulnara el ataúd.

- ¿Qué es esto? - le pregunté.

Gulnara por un momento se quedo callada y en sus ojos se podía notar espanto, pero al poco tiempo todos sus gestos cambiaron.

- Encontraste el ataúd que me regalo mi suegra cuando me case con Alfredo. ¡Qué emoción!. Mira que lindo detalle el de la cruz en el medio...

Yo veía el detalle y me preguntaba - ¡Que irónico!, un ataúd de regalo de bodas.

Abrí el pequeño ataúd y le enseñé lo que contenía dentro. Ella otra vez se quedó por un instante en silencio, pero enseguida su ingenio apareció.

- Los huesos de muerto con los cuales Alfredo estudiaba  medicina. 

- ¿El mechón?
- Es un mechón de pelo que corte a tu padre antes de morir. 

- ¿Para qué?
- Como recuerdo 

- Alfredo tenía el pelo negro y lacio, este mechón es mío.

Gulnara se hizo la loca.

- Es de tu padre, con el tiempo a cambiado de color y de forma  dijo nerviosa. 

- ¿Dónde encontraste el ataúd?
- Debajo del último cajón del clóset. 


- ¿Cómo llegó ahí? - preguntó extrañada.
- Pregúntele al muertito - le dije alzando mis hombros. 


- No te burles de los muertos. ¿Acaso no les tienes miedo? - me preguntó desafiante.
- A los muertos no les temo. Uno tiene que cuidarse en este vida de los  vivos -  Le entregué su ataúd y me retiré.

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