jueves, 22 de mayo de 2014

ESCUPIENDO AL CIELO

- Por favor Diego, ¡No armes ningún escándalo! - le dijo la madre de Renzo a su esposo agarrándolo fuertemente del brazo.

Tomás estaba ileso observando como hipnotizado hacia la puerta de la Iglesia.

- ¡Vente conmigo! - le dije a Tomás tomándole del brazo y lo lleve hacia la sacristía.
- ¡Anda rápidamente a tu cuarto, pon seguro y no salgas de allí! - le ordené mientras que veía que el padre de Renzo se aproximaba. 

- ¡Soy hombre muerto! - pensé al ver como aquel mastodonte se  venía en contra de mí.

- ¡Dígale a ese cura maricón que salga y se enfrente como hombre! - Me gritó. 

- Diego... ¡por Dios!... ¡Cálmate! - le pidió su esposa.
 
- Primero, vaya hable con su hijo - le dije 

- Usted no es nadie para decirme lo que tengo qué hacer - Me volvió a gritar. 

- Ni usted tampoco - le grité hecho el valiente aunque por  dentro estaba que temblaba pensando en el puñete que me iba a dar. 

- ¡A mí usted no me grita! - me dijo el gritándome.
- ¡Ni usted tampoco! - y l e grité también. 

- ¡Por Dios Diego!... ¡Baja la voz!... El es sacerdote.
- ¡Tomás es maricón! - dijo Diego en voz alta. 

- El padre ha sido maricón - empezó el murmullo de los invitados que nos rodeaban.



Le quede viendo a los ojos y le dije - Acaba de escupir al cielo.

- ¡Ooooh! - se oyó de nuevo el murmullo. 

- ¡Vaya hable con su hijo! Tomás no tiene nada que hablar con ustedes. - le dije. 

- Tomás hizo esto a propósito para dañar el matrimonio de mi hijo. - me dijo Diego  lleno de iras.
- Tomás no tiene nada que ver en esto. El reemplazo a padre Alberto...
- Entonces... ¿Por qué no dio usted la misa? - me increpó.

Otra vez me dije a mi mismo  - ¡Dios mío!  - y respondí:
- Porque soy hermano, todavía no soy sacerdote...

Respiré profundo y me dije - Estoy hundido, mi misión se arruino. Miguel se dará cuenta que no soy cura.

- Diego, el hermanito nada tiene que ver en esto. Vamos a casa y conversamos con Renzo.
  ¡Compórtate por favor y no  hagas escándalo! Suficiente con el que ha armado tu hijo. 


- Es tu hijo también - Le recalcó el. 


- No te hagas el macho conmigo, que las preferencias sexuales las pone el padre. - le dijo ella furiosa y aquel mastodonte se amansó. 


Ellos se retiraron y ni siquiera se despidieron. 

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