jueves, 22 de mayo de 2014

EN ARCA ABIERTA, JUSTO PECA

- ¡Te ves increíble con el crergyman! - me dijo Aurelio al verme  vestido de cura.
-  Me veo chistoso - le dije al verme en el espejo. 


- Ahora empieza en realidad tu trabajo, te darás cuenta el  porque te escogimos.
- Me dijeron porque era paranormal y además gay. 


- Tu apariencia ayuda mucho. Pareces religioso. Parece que no movieras un dedo por fuera, pero por dentro todo lo analizas.  Padre Francisco. 


- Gracias Padre Aurelio, ¿Cuánto ganaré por esto?


Aurelio abrió el cajón de su escritorio y tomo un fajo de billetes y me los dio.

- Pago por adelantado - me dijo sonriendo.
- Gracias.



- ¡Buenos días padrecito! - me saludaba la gente en las calles del pueblo.
- Buenos días - respondía alegremente.

Sabía que los religiosos me esperaban a las dos de la tarde pero había llegado dos horas antes.

Llegue hacia la dirección que me habían dado. Al entrar a la escuela note que no había ruido de estudiantes. Todos estaban en clase. Junto a la escuela se encontraba un convento del siglo pasado. Las paredes eran de adobe y estaban pintadas de blanco. A un lado se encontraba una iglesia con un parque pequeño.

Nadie notó mi presencia. A mi lado había dos puertas cerradas y a un costado una escalera que me llevo hacia el piso superior. Por lo visto esta comunidad era muy pobre o sinceramente había fuga de dinero. En los pisos se podía notar que  rara vez los limpiaban porque no pasaban ni cera. Llegué a pensar que era por la afluencia de tanto niño.

Al llegar al segundo piso, caminé sigilosamente tratando de que nadie se entere de mi presencia y me repetía constantemente en  mi mente todo lo que tenía que decir.

Logre divisar sobre una puerta un letrero que decía "Dirección". Seguí caminando suavemente y entre a la sala de espera. La oficina del director estaba con la puerta cerrada. Mire hacia mi alrededor y era el decorado tradicional de una comunidad católica. La foto del Papa por un lado. Una imagen de Cristo con cara de tristeza en otro lado y otra imagen de la Inmaculada Concepción.

Algo pasaba dentro de la oficina del director. No escuché palabras pero se oía un jadeo y respiraciones profundas de un hombre y una mujer.

Me armé de valor, tomé el cerrojo e inmediatamente abrí la puerta.

Un hombre se espantó y quitó las manos de donde las tenía puestas y una mujer se levanto de sus piernas e inmediatamente procedió a abotonarse su blusa. Tres segundos antes la cara de aquel hombre estuvo metida entre los senos de aquella mujer. Ninguno de ellos sabía que decir.

Aquella mujer abotonaba su blusa con celeridad y estaba muy nerviosa, ella era madre de algún estudiante porque encima del escritorio había una lonchera.

- ¿Padre Miguel? - pregunté mirando a aquel hombre.
- ¿Padre Francisco?- me preguntó él. 

- El mismo - respondí.
- ¡No lo esperaba tan temprano! - me dijo el levantándose de su asiento. 

- El chofer manejó rapidísimo.
- ¡Qué sorpresa! - me dijo riéndose nerviosamente. 

- ¿Usted también llegó temprano? - Pregunté  a aquella señora que vestía tan tentadoramente. 

Ella tomó su cartera, luego la lonchera.

 - ¡Perdón! - me dijo y salió rápidamente, ni siquiera se despidió de Padre Miguel.

- ¡No piense nada malo! - me dijo padre Miguel.
- No soy mal pensado. En arca abierta justo peca. 

-  ¿Por qué me defiende?
- Llevo varios años como visitador y he visto como las mujeres tientan a los curas.
  Luego dicen que nosotros somos los depravados.

Miguel rió pícaramente - Eso es cierto. Ellas nos buscan, nos mandan cartas...
- Y se les insinúan... 

- ¡Y a la final! somos hombres y ellas son nuestra debilidad - me dijo Miguel.
- A veces ellos también son su debilidad - le dije seriamente. 

- ¡Ni Dios lo permita! - dijo Miguel e inmediatamente se santiguó.
- ¡Yo soy bien machito! - me dijo. Siempre me han gustado las  mujeres. 

- ¿Para usted ser macho significa tan solo el hecho de que le gusten las mujeres?

Miguel por un momento dudo.

- No quiero decepcionarle, pero en la última visita que hice al noviciado de la Comunidad en Quito, por la noche se  pueden oír las camas rechinar.
- ¿Qué insinúa? 


- Que en nuestra comunidad existen hombres que son débiles ante la carne de otros hombres
   y no se creen para nada que son menos machos que usted - le dije. 


- ¿Ha dicho esto al provincial?
- Tengo que seguir la ley del mono. Imagínese si yo hablara... 


- ¿Pero conmigo hará lo mismo? - me preguntó el nervioso.
- No he visto nada.

2 comentarios:

  1. CLERGYMAN. Vestuario de un sacerdote. Camisa con cuello redondo.

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  2. PARANORMAL. Persona que tiene despiertas ciertas partes del cerebro que otros las tienen dormidas.

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