viernes, 30 de mayo de 2014

EL AMOR ENTRE HOMBRES NO EXISTE



- ¡Dios mío!, no puedo creer lo que están viendo mis ojos - dijo la madre de Renzo asustada.

Diego se acerco hacia donde Tomás y le lanzó un fuerte trompón que lo lanzó hacia el suelo.

- ¡Desgraciado! Estas corrompiendo a mi hijo - le dijo enojado y con su rostro rojo lleno de  iras.

Renzo se apresuró a ponerse su interior y acercarse a Diego.

- ¡Papá, tranquilízate!. Tomás  no me ha corrompido. -le dijo tomándole del brazo para tratar de evitar que Diego siga pegando a Tomás.

- ¡Entonces!... ¿Dime qué es lo que vieron mis ojos? - gritó Diego.- Tomás estaba montado sobre ti, culiándondote.

Tomás se arrimó a la pared mientras que Renzo le paso enseguida un pañuelo para que se limpie la sangre de su nariz y luego le paso su  ropa interior.

- Tomás, hemos sido demasiado buenos contigo. Tus padres y nosotros arrendamos este departamento para ustedes, para que estudien y sean buenos profesionales, pero jamás nos imaginamos esto. - dijo la madre de Renzo desconcertada.

- Yo avisaré a los padres de Tomás que su hijo es un maricón - dijo Diego. 

- ¡Por favor!, no lo haga - Suplicó Tomas.- Los matará del dolor.
- Ustedes también nos han matado del dolor - dijo la madre de Renzo.

Diego respiró profundo y miró hacia Renzo. Su orgullo le impedía que derrame una lágrima - Hijo, tú eres el más apuesto de todos mis hijos y el más querido. En la hacienda yo hice una casa especial para ti, para que vivas allí con tu esposa y con nuestros nietos...

- Te lo agradezco papá, pero yo amo a Tomás. 

- ¿Cómooo? - preguntó la madre de Renzo llevándose las manos a su cara.

- ¡El amor entre hombres no existe! - dijo Diego fríamente. 

- Yo amo a un hombre - le dijo Renzo.
- Eso es pasajero - dijo la madre de Renzo. 

- Lo amo desde que soy niño.
- ¡Cállate! - Suplicó Tomás a Renzo. 

- ¡Renzo!... ¡Arregla tus maletas!, nos vamos para la hacienda - Ordenó - Diego. 

- Papá yo me quedo aquí. Tomás me necesita... 

- ¡Renzo!, te he dado una orden - dijo firmemente Diego. 

- ¡Obedezca a su padre! - dijo Tomás a Renzo.

Renzo observo a Tomás y se le fueron las lágrimas.

- Papá, no me pidas eso, te conozco. Si voy a la hacienda, no regreso - le dijo Renzo llorando.
- Te he dado una orden - gritó Diego. - Te  esperamos afuera.

A Tomás se le fueron las lágrimas también, pero los dos trataban de contener al máximo su dolor.
- Te ayudo - le dijo Tomás queriendo empacar. 

- Deja, lo haré solo. Acuéstate con la cabeza hacia arriba para que te pase la hemorragia - le dijo Renzo.
Renzo empezó a empacar tan solo poca ropa. Quería dejar el resto como pretexto para regresar por aquel departamento.

- Nos vemos pronto - le dijo Renzo a Tomás.
- Te estaré esperando - le dijo Tomás.
- Recuerda siempre nuestro pacto.
- Lo recordaré... - dijo Tomás.

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