viernes, 30 de mayo de 2014

DIOS NO CASTIGA A LOS HOMOSEXUALES, SINO A LOS....

En un almuerzo familiar Iván en gesto de venganza me preguntó:

- Francisco ¿Por qué no te casas?
- Porque no me da la gana - respondí. 

- ¡Qué grosero! - exclamó su hija.
- Los maricones no se casan - dijo él en tono burlesco. 

- Entonces, si sabes la respuesta, ¿Para qué preguntas?

Iván se quedó en silencio pero su hija hablo inmediatamente.

- Ya entendemos porque no aguantaste en el Ejército. Ese lugar es tan solo para hombres. 

- Allí se hacen hombres - dijo Alejandra. 

- ¡Ilusos! - les dije. 

- Insinúas que los militares somos maricones - reclamó el  esposo de Patricia en pose absolutamente machista. 

- Sí, hay militares que son gays. 

- ¡Eso es una falsedad!, allí todos somos bien machos. - dijo el esposo de Patricia en tono de altivez y prepotencia. 

- Hay pocos gays en el ejército y justo son los que piensan. - le dije. El se quedó mirándome en silencio sin saber que responder. Al ver su actitud  pensé - Este no entendió nada.

- Los negocios yendo mal - dijo Gulnara amargada - Ustedes saben que somos una familia católica y de valores. Sobre todo creyentes, pero debido a que hay un homosexual en casa, estoy sintiendo el castigo de Dios en mis negocios.-

Aquel instante me estaba llevando un bocado de pan a la boca. Sentí que ese fue el bocado más amargo que había probado en mi vida.

- Doy gracias a Dios que mi hijo Matías, no sea como Francisco - dijo Rosa tratando de compararme. Ese momento me atoré con el pan. Mientras Rosa continuó - Matías es tan guapo que siempre las mujeres le siguieron  y Gracias a Dios mi nieto...

- Que también se llama Matías - interrumpí. 

- Ya tiene novia - dijo Rosa mientras que empecé a reírme y no podía parar. Mi amargura cambió totalmente por una risa incontrolable.

- Francisco… ¡Por Dios! ¡Compórtate! - me ordenó Gulnara y lancé una carcajada. 

- ¡Ya no creo en castigos divinos! - dije riéndome. 

- ¡Cállate hijo de la gran puta! - me dijo Rosa llena de iras.

Al ver su rostro otra vez lancé una carcajada y nadie sabía el porqué.

- ¿Acaso a ti Dios también no te ha castigado? - le pregunté y volví a lanzar una carcajada.

Parecía una venganza de la vida. Una noche en una fiesta, el hijo de Rosa vino a dormir en mi cama. Se desnudo y puso su nalga rozando mi miembro. A la final terminé penetrándolo. 

El nieto de Rosa solía venir cada mes para que le regale mi ropa ya que Matías padre y Matías hijo eran de condición social baja. El siempre me traía revistas pornográficas. Se desnudaba. Mordía con su boca la almohada mientras que yo lo penetraba y se meneaba maravillosamente.





- No sabes que tu madre es una puta y tu padre es un ladrón - me dijo Rosa con gesto hiriente. 

- Pues gracias a este hijueputa, tu nieto puede vestirse - le dije. - Permiso... ¡Buen provecho! - me levanté y me retiré de la mesa mientras todos se quedaron en silencio.


Al llegar a mi cuarto me reí - Dios no castiga  a los homosexuales, sino a los . . . 

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