viernes, 30 de mayo de 2014

THIS MASQUERADE


Entre al bar abrazado de Mónica, una amiga de estudios. Vi que a Matías casi se le salen los ojos.

Nos sentamos y nos pusimos a conversar amenamente. Matías no dejaba de observarnos. Por los gestos que puso - ¡Este está celoso! - pensé.

Matías me observaba mientras que  su madre lo veía de reojo a él. Tratando de disimular  yo también lo veía de reojo y  observaba la actitud  y de su madre.

Matías tomó un cigarrillo, lo encendió mirándome fijamente a los ojos.

- Este quiere que siga con el ritual - pensé.

Me acerqué a la barra. - Me das un cigarrillo por favor - le pedí.

Matías tomó la cajetilla, sacó un cigarrillo, me lo entrego y me paso la caja de fósforos. Lo encendí, le devolví la caja y dije - Gracias.

El me quedo viendo sin responderme - Este está furioso -   Se le notaba solo viendo  sus ojos.
Seguí conversando con Mónica alegremente y terminé mi cigarrillo. Regresé a ver a la barra. Matías había terminado el suyo.

Matías me observó y al estar seguro de que lo estaba viendo, tomó un cigarrillo en sus manos y lo encendió. Exhalo el humo como provocándome y me quedo viendo fijamente a  los ojos. Entendí claramente su juego.
Me acerque a la barra, pedí otro cigarro, y observe el gesto de triunfo de Matías pero también miré hacia los ojos de espanto que tenía  su madre.

- Francisco, ¿Qué te pasa?, apenas apagaste un cigarrillo y vuelves a encender otro.
- Estoy nervioso - le dije a Mónica.

Después de cinco minutos termine de fumar el cigarrillo y Matías había hecho lo mismo.
- ¿Satisfecho? - Le pregunte  con mi mirada.

Matías bajo su rostro, tomó otro cigarrillo y se lo llevó a la boca.

- ¡Este está loco! - Me dije al verlo
- Mónica… ¡Vámonos de este lugar! - le pedí. 

- No seas malito, quedémonos un ratito más que estoy coqueteando con un buenote que esta en la mesa de allá - y me señaló hacia donde su conquista estaba.

- Ya vengo...
- ¡No te vayas! - me imploró. 

- Tan solo voy a comprar un tabaco.
- ¿Otrooo?
- Te dije que estoy nervioso...

Al rato ya estaba mareado, el humo del tabaco me parecía asqueroso, sentí que me ahogaba. Quería que Matías se descuidara y apagar el tabaco o dejarlo simplemente a que se consumiera en el cenicero, pero no fue así. El me regresaba a ver, fumaba su cigarrillo y esperaba a que hiciera lo mismo.

Al terminar de fumar el tercer cigarrillo. Matías puso un rostro que reflejaba triunfo y felicidad. Ese momento ante los ojos de su madre los dos nos estábamos declarando.

Matías agachó su cabeza, tomó la cajetilla y sacó otro tabaco, se lo llevó a la boca.
- Mónica, ¡Vámonos de aquí!-  le pedí como si fuera una súplica. 

- No, Francisco, estoy en el punto culminante...
- Mónica, ¡Por Dios! Vámonos de aquí.

- Espérate cinco minutos más y nos vamos - me dijo ella tratando de calmarme.
- ¡Este me quiere matar! - pensé al verlo.

Matías empezó a fumar su cigarrillo tranquilamente y retándome con sus ojos.
- Ya vuelvo...
- ¿A dónde vas? - me preguntó Mónica. 

- A comprar un cigarrillo.
- Francisco, ¿Estas loco?
- No, estoy nervioso.

La madre de Matías puso cara de espanto. Matías no pensó que iba a cometer tal hazaña.

- Me das un tabaco...

Se repitió todo el ritual. Regresé a mi asiento y terminé casi ahogado.

Matías sonrió, sonreí a la vez. 

- ¡Vamos! - dijo Mónica.  


- ¿Y tu levante? 


- Se acaba de ir con otra chica - respondió ella decepcionada mientras en la radio
Los Carpenters acababan de cantar "This mascarade".




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