martes, 27 de mayo de 2014

BUSCA LA LUZ, ESTA DENTRO DE TI






A media noche vino Andrés a mi dormitorio.

- Tengo que enseñarte algo sumamente interesante. ¡Acompáñame!- me pidió.

Subimos al auto y tomamos la carretera. Luego de pocos minutos llegamos a una planicie deshabitada y al fondo se podía ver tan solo la silueta de las montañas. Al salir del auto Andrés me pidió que mirara al cielo.

- ¡Mira tanta belleza!  Todo eso el Padre lo hizo para nosotros.

Andrés colocó su brazo sobre mi hombro y  dijo - Mira hacia la montaña y quédate en silencio.

Sentí que de la mano de Andrés salía un calor que iba penetrando por mi hombre y luego fue calentando todo mi brazo.

- ¿Sientes mi energía?
- Sí - respondí.

De pronto me quede ileso y empecé a dudar de lo que mis ojos veían.
Una luz iba apareciendo en la oscuridad de la montaña como si esta tuviese una aura.
Cada vez esta luz era más clara y me puse nervioso.

Regresé a ver a Andrés, pero aquel fenómeno parecía no inmutarle.

El apretó su mano que estaba por mi brazo
y volví a sentir su energía que me dio la confianza de que nada malo pasaba.

Empecé escuchar un leve murmullo y al ver hacia la montaña la luz empezó a ascender.

Me quede inmóvil.

Andrés apretó más fuerte su mano porque mi corazón empezó a latir fuertemente
y mis ojos ni siquiera se permitían parpadear.

Estaba viendo una nave enorme. Era diez veces más grande que un avión de pasajeros.
Tenía luces en forma de estrella que giraban lentamente. Esta iba ascendiendo lentamente.

No me podía explicar cómo podía viajar a tan lenta velocidad.
Aquella nave se dirigía hacia donde nosotros estábamos parados.

Al aproximarse pude apreciar que tenía en el centro una luz incandescente.
En pocos segundos aquel objeto estaba estacionado a unos doscientos metros sobre nuestras cabezas.
Sentí temor y a la vez admiración al ver semejante tecnología.

Los dos quedamos iluminados por el centro energético de la nave que estaba justo sobre nuestras cabezas.
Andrés me abrazó fuertemente.

- Ellos querían conocerte - Me dijo y continuó
- Mi amiga Mayra te envía saludos,  dice que estés tranquilo. Te envía un mensaje:

"Busca la Luz, La luz está dentro de ti”.


- ¡Esto es una locura! -  le dije riéndome nerviosamente.
- ¿Por qué? - me preguntó Andrés.
- Estoy debajo de una nave gigantesca, abrazado por un cura  y además una extraterrestre me envía un mensaje.
- Cuando entiendas todo esto, te darás cuenta que no es una locura.
   Mientras tanto la locura de abrazarte me está gustando.

- ¿Eres un contactado? - le pregunté sumamente intrigado, a lo que él , frunciendo su boca me respondíó.

- Ser contactado no es una gran cosa. Al igual que las relaciones humanas, el ser humano tiene que saber discernir sobre estas apariciones y los mensajes que reciben. Recuerda que la mayoría de los contactados, fueron los que formaron  las más importantes religiones del mundo, y mira el relajo que armaron.

Los dos nos abrazamos fuertemente mientras que la nave en cuestión de segundos desapareció.



Al regresar a Conspiccius, Andrés dijo
- "Bienaventurados los que son como el apóstol Tomás, porque no serán engañados". 



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