sábado, 31 de mayo de 2014

¡BÚRLATE DE LAS ADVERSIDADES!



- Francisco ya esta inscrito en la "Academia Militar Ecuador" - dijo Gulnara orgullosamente a su familia un año después de la muerte de Alfredo. 

- Pero, ¿Con qué dinero le vas a mantener? - preguntó preocupada su madre.
- Con el de la herencia. - Dijo Gulnara y continuó. 

- Antes de que Alfredo muera, él me dijo que al morir él, yo  sería millonaria.
  Todavía tengo que pelear por esa herencia. Es por eso que inscribí a Francisco en la Academia.
  De esa  manera la familia de Alfredo verá que estoy invirtiendo el  dinero en él y el resto será mío.



- Francisco, este es un gran sacrificio que hago yo por ti. Por Dios... ¡Compórtate! Conserva siempre los buenos modales y en el comedor guarda siempre la etiqueta. Vas a estudiar con los hijos de las mejores familias del país. - me dijo Gulnara al dejarme en la Academia Militar Ecuador el primer día de clase.



Estaba en el equipo de atletismo y llegábamos siempre tarde al comedor. Ese día sirvieron arroz, con menestra de fríjol y un huevo duro. Sentado frente a mí estaba un cadete de cuarto curso que era  velocista. Tez blanca, cejón, pelo negro y ojos profundamente negros. Al hablar notaba que tenía los dientes más blancos y perfectos de todo el colegio.

- Pablo, lanza una cáscara al idiota del Javier - le dijo su amigo.
- Yo lanzo a quien me dé la gana - le dijo él

Pablo tomó una cáscara de plátano y la lanzó sobre mí y regrese a ver que caía en la cabeza de otro que estaba comiendo en otra mesa. El afectado regresó a ver inmediatamente y yo volví inmediatamente mi cabeza hacia el plato.

Pablo fingió estar comiendo  y disimuladamente veía hacia la otra mesa.

- ¡Le di Julio!, le di - murmuró emocionadamente al oído de Julio
- Le diste al desgraciado del Javier.
- Ya te dije que yo lanzo a donde quiera - le dijo Pablo. 

- Te creo, pero esta vez le lanzaste justamente a  la cabeza del Javier - le dijo su amigo.
Pablo me regresó a ver como comía - ¡Al diablo con la  etiqueta!, aquí todos somos unos salvajes.
- ¡Que alivio! - Me dije a mí mismo y suspire,  pero noté que algo faltaba en mi plato y regrese a ver a todos los lados, incluso debajo de la mesa. 

- ¿Qué le pasa? - preguntó el brigadier que controlaba el comedor al ver mi actitud de búsqueda. 

- No asoma mi huevo - le dije y mientras que  los que estaban alrededor mío  apretaron los labios. 
Pablo y Julio me quedaron mirando fijamente,  y yo tan solo veía que ellos trataban de contener sus ganas de reírse.

- Si no  lo sabe donde lo tiene… ¡Es mejor que se lo agarre! - me dijo aquel brigadier y se retiro.
Todos lanzaron una carcajada. Pablo y Julio no podían contener su risa mientras miraba fijamente a los ojos de  Pablo sin reírme para nada. 

Pablo dejó de reírse. Respiro profundo y llevo sus manos hacia las entrepiernas y saco el huevo.

- Toma, aquí está tu huevo.

Julio lanzó una carcajada, mientras que los otros callaron.  Tome de su mano el huevo y me dijo: - Todo lo tuyo es mío  y todo lo mío, no es tuyo...

Otra vez Julio lanzó otra carcajada...

- ¡Usted queda castigado por quitarle el huevo!, y ¡usted queda castigado por dejarse quitar! - ordenó el brigadier que estaba justo detrás de Pablo.

El jamás se dio cuenta que un brigadier estaba a sus espaldas. Pablo tuvo que decir Adiós a las carcajadas mientras que Julio tuvo que respirar profundo para contener su risa.

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- ¡Par de hijueputas! - dijo despóticamente el brigadier en el patio. - tener que quedarse castigados por un huevo... ¡Extiendan los brazos! - Ordenó.

Nosotros pusimos nuestros brazos en posición horizontal.

- Se quedan en esa posición hasta que ordene lo contrario - dijo aquel  brigadier y se retiró.
Gotas de lluvia empezaron a caer y al ver hacia el cielo veía que un fuerte aguacero se aproximaba.

- ¡Maldición! - Exclamé.
- ¡No maldigas! - dijo Pablo - ¡Disfruta! 

- ¿Disfrutar? , ¿Acaso no te das cuenta que estoy castigado por tu culpa? - Le reclamé. 

- Jamás eches la culpa a nadie de tus desgracias. Tú tienes la culpa por ser despistado- Me dijo retándome con su mirada y sus ojos negros que se clavaban directamente sobre los míos.

- Bueno, entonces yo tengo la culpa de este castigo -  dije molesto.
- No estés molesto, ¡Disfruta! - me dijo - ¡Búrlate de las  adversidades!

- ¿Cómooo? - pregunté enfadado - Me tienen parado aquí, los brazos me duelen, esta lloviendo y además me dijeron que soy hijueputa... 

- Nos dijeron - aclaró él mientras su mirada se suavizo y se rió.
 
- ¡Qué bobo eres!
- Además de sentirme culpable, ya me hiciste sentir tonto. 

- ¡Estira los brazos! - me dijo y los estiré.
- Pon las palmas de las manos hacia arriba - Ordenó suavemente e hice lo que él me pidió. 

- ¡Alza tu cabeza y cierra los ojos! Siente como el agua moja tu piel...

Sentí como la lluvia mojaba mi rostro y regresaba a ver a Pablo y veía su rostro lleno de felicidad al sentirse  mojado por la lluvia.

- ¡Es tan bueno ser hijueputa! - dijo él.
- ¡Es tan bueno ser hijueputa! - dije yo mentalmente.

Y los dos nos quedamos en silencio sintiendo  la lluvia mojar nuestro rostro. 




Regrese a ver el rostro dulce de Pablo y por un momento, sin explicarme el porqué, sentí  un nudo amargo en la garganta.

1 comentario:

  1. BRIGADIER. Grado militar. En La Academia Militar Ecuador, era Brigadier aquel que cursaba el sexto año de bachillerato y reunía las cualidades para serlo. Generalmente buena conducta y un buen promedio de rendimiento intelectual y físico. Su edad oscilaba entre 17 y 19 años.

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