jueves, 29 de mayo de 2014

BIENVENIDO AL MUNDO DE LAS APARIENCIAS



Al siguiente día fui a la dirección que me diera Aurelio.

Era una casa de los años cincuenta ubicada por la Floresta.

- ¿Quién es? - preguntó una voz masculina por el portero eléctrico.
- Soy Francisco, vengo de parte de Aurelio.
- Espera un momento, ya te abro.

La puerta se abrió automáticamente y entré. La puerta del interior de la casa también se abrió automáticamente.

El decorado de aquella casa era elegante. Había cuadros de Jesús y María enmarcados en pan de oro. A mi lado izquierdo había una puerta abierta que daba hacia una oficina. Aquella puerta llevaba una inscripción que decía "Conspicuos".

Del segundo piso y empezaron a bajar por las gradas cuatro hombres. Los reconocí inmediatamente, eran aquellos que vi en el congreso. Estaban con ropa semiformal, pero elegante. Mientras más se acercaban capté el olor de su perfume. Era “Pasha de Cartier”.

- ¡Deben tener mucho dinero! - Fue lo primero que pensé.

Su presencia tanto en cuerpos como en cara era admirable.

El primero tenía pinta de árabe. Piel canela. Ojos negros, pelo negro y una barba a medio crecer.  Era muy varonil.

- Hola, soy Roberto - me saludó.
- ¡Mucho gusto!

- Soy Laurentino - me dijo el segundo...
- ¡Mucho gusto! 

- Mi nombre es Cornelio - me dijo él más alto.
- ¡Mucho gusto! - salude. 

- El mío es Rafael - me dio su mano, la apretó la mía y me quedo viendo a los ojos.
- ¡Mucho gusto!- contesté como si fuese disco rayado. 

- El que te dé la mano suavemente y no te mira a los ojos, ¡es hipócrita! - me dijo él y sus ojos azules dejaron de verme.

Luego todos se colocaron frente a mí.

- ¡Se te ve bien! - me dijo al verme Laurentino.
- A ustedes también - respondí nervioso. 

- ¡Tienes la apariencia perfecta para este trabajo! - me dijo Rafael.
- Estoy todavía confundido.- Les dije al oír aquello. 

- Nosotros también hemos hecho lo mismo - dijo sonriente Laurentino.- Somos curas, tenemos apariencia de curas, pero realmente no pensamos como los curas.

- Estoy más confundido todavía.- les dije alzando mis hombros. Ellos se miraron sus rostros y sonrieron. Roberto abrió sus brazos y me dijo efusivamente.

- ¡Bienvenido al mundo de las apariencias!
- ¡Bienvenido! - me dijeron el resto. 

- En este mundo vivo desde que tengo cinco años - les respondí mientras recibía el abrazo afectuoso de Roberto. 

- Con nosotros lo vas a conocer más - me dijo él mientras que escuche la risa del resto.

-  Nosotros,¡los religiosos!, somos los creadores del mundo de las apariencias. Nosotros lo creamos y nadie nos supera.  Creamos este mundo para que todo el que se aferré a una  religión tenga miedo al qué dirán y a la muerte.- me dijo Roberto.

- Luego de nosotros, sigue el consumismo como segundo creador del mundo de las apariencias, pero nosotros, ¡las religiones del mundo!, siempre mantendremos el primer lugar - dijo Laurentino alzando sus brazos en gesto de éxito.




- "No todo lo que brilla es oro" - me dijo Cornelio pasando junto a mí. - Muchos aparentan ser santos por fuera; pero son unos demonios por dentro. Hay otros que aparentan ser ricos por fuera; pero  por dentro son pobres y vacíos. Unos  aparentan ser exitosos por fuera,  mientras tiene depresiones por dentro. Los  sencillos parecen ser  pobres, pero en realidad son ricos por dentro. Unos aparentan ser perfectos cuando en realidad  lo único que tratan es de ocultar sus defectos. Unos aparentan con su vestuario ser  honorables, mientras  que en realidad son unos ladrones con terno y corbata.-

Rafael tomando una Biblia en su mano me dijo - El hecho de que un hombre o mujer sean religiosos o prediquen creer en un Dios, no significa que sean buenos, ni tampoco que estén más cerca de El, ni  que sean mejores seres humanos que el resto.


- ¡Cuídate de los que andan con la Biblia bajo del brazo! - me dijo Roberto, señalando a Rafael.
- Son los que ven los defectos de los demás y no los suyos  propios. Andan en las nubes y huyen de la realidad. 

Son los  creadores del sufrimiento de los demás y ante el dinero se arrodillan.

Muchos hombres de tanto rezar se han perdido.
Muchos creen haber encontrado la luz y viven en la oscuridad.                
Muchos ciegos, guían a otros ciegos.
Muchos luchan por tener el poder, y al final de sus días se dan cuenta que no tienen nada.
Muchos quieren compañía tan solo porque temen la soledad y a conocerse a sí mismos.
Muchos no buscan, porque quieren seguir perdidos.
Muchos buscan a Dios en las alturas y no quieren darse cuenta que Dios está dentro de uno mismo.
Muchos muertos actualmente viven con otros muertos.- me dijo Roberto poniendo su mano sobre mi hombro. 


Deja de ser borrego de psicópatas....

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