sábado, 31 de mayo de 2014

¿ACASO NO HAS ENTENDIDO EL LENGUAJE DEL SILENCIO?


- ¿Por qué faltaste ayer? - me preguntó Pablo enfadado.
- Me enfermé contesté. 

- ¡Mientes! - me dijo enfáticamente. 

- De tanto disfrutar el castigo, me dio un fuerte resfriado.
- ¡Mientes! - volvió a repetir enérgicamente. 

- Me eche la pera - le dije.
- Lo sabía. - me dijo él 

- ¿Cómo lo sabías?
- Algún día lo aprenderás...





Después de dos meses de vacaciones, volví a la Academia. A la hora del recreo me senté en la grada que justamente daba a la puerta de la tesorería.  Pablo vino y se sentó junto a mí, pensé que los dos charlaríamos mucho sobre todo lo que hicimos en vacaciones, pero no fue así.

El no pronunció ni una sola palabra. Los dos pasamos viendo el ir y venir de los cadetes y me incomode.
- ¡Pablo!, estamos media hora  juntos y tú no me dices ni una sola palabra - le dije molesto.

El me regresó a ver y suspiró.- ¿Acaso no has entendido el lenguaje del silencio? 

- No - respondí y  regresé a ver al movimiento de los cadetes. El puso su mano en mi antebrazo y me dijo  - Basta con que estés junto a mí, ya me  siento feliz.




Estaba en tercer curso de la Academia y Pablo llegó a ser brigadier.

- ¿Cómo te va? - me preguntó un día.
- Bien. 

- ¡Mientes! - me dijo en tono cortante y baje mi cabeza.
El puso su brazo sobre mi espalda y me abrazó.

- Francisco, cuando pelees con tu madre, recuerda que  te  quiero. Ya no te amargues la vida por esa mujer. Yo siempre  estaré junto a ti.

- ¿Siempre?

- Siempre - respondió él.

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