miércoles, 7 de enero de 2015

COMENTARIO




"Bienvenido al Mundo de las Apariencias" se trata de un desgarrado relato sobre las experiencias de vida que los personajes de la obra llevan en el Ecuador contemporáneo, y está concebido como un alegato sobre las condiciones de existencia de los hombres homosexuales.

No se trata - stricto senso - de una "novela" en el sentido convencional de ser una obra de ficción que narra los sucesos acaecidos a unos personajes imaginarios, sino que su valor reside, precisamente, en la afirmada realidad de los hechos, y su credibilidad ante el lector se trata de un texto "testimonio" (es decir, como experiencias realmente vividas por el autor) y no como una obra de ficción.

Del relato se desprenden historias paralelas que reafirman la convicción imperante en los círculos liberales de que la vida de los homosexuales es una cadena monstruosa, compuesta por una sucesión de abusos, marginalidad, infame desprecio generalizado, dudas continuas, irrefrenables sentimientos de falsas y auténticas culpas, abiertas o encubiertas persecuciones, explotación laboral añadida, clandestinidad forzada, vínculos (producidos por esa misma vida de proscritos) con delincuentes, personas promiscuas, chantajes continuos (incluido los policiales), carencia virtual de derechos ciudadanos y, en fin, una dolorosa y cruel vida dual, que alterna una existencia "normal" (entiéndase por heterosexual), obligada a guardar constantes apariencias que violentan las tendencias profundas, con una superficialidad de relaciones homosexuales condenadas a la promiscuidad, la falta de contactos espirituales profundos y una obligada "hermandad" con otros homosexuales, con quienes los personajes principales no tienen otra relación que compartir sus tendencias de predilecciones sexuales. Una larga hilera de canalladas hipócritas, que esconde el terror a la homosexualidad inducido por la cultura del machismo, y la homofobia interiorizada que la tiene el mismo homosexual, de la cual es cómplice el conjunto de la sociedad.

Es particularmente interesante que el autor constate la existencia de una desproporcionada cantidad de homosexuales en las instituciones segregadas de la sociedad machista, como la iglesia, las Fuerzas Armadas o los colegios sin coeducación, cuando la normal libido de la especie no puede tener soluciones heterosexuales por la segregación impuesta y es canalizada hacia el homosexualismo como única solución posible y, lo que es peor, socialmente aceptable.

La temática y relativa crudeza de su tratamiento contribuyen seriamente a desvelar el manto hipócrita que la sociedad ha tenido sobre un grupo (que el autor considera cuantitativamente significativo) oprimido y marginado.

Pedro Saa

* Este libro también es una apariencia ya que se basa en un sistema de mensajes que estarán escondidos para muchos y muy pocos lo entenderán. 

sábado, 31 de mayo de 2014

EN EL HOGAR DE TRANSITO "ROSA VIRGINA" - 1965


En el consultorio médico del Hogar de Tránsito dos religiosas reprochaban a una joven.

- Inés, con apenas 14 años y ya estas embarazada - reclamó madre Magdalena poniendo sus manos en la cabeza.

- Te escapaste por dos  meses y viviste con un hombre al que nunca antes conociste - dijo madre Elizabeth admirada.

- ¿No tienes miedo hacer ese tipo de cosas? - preguntó madre Magdalena..
- No - respondió Inés muy orgullosa. 

- Eres sumamente rebelde y tienes un carácter muy fuerte.- Le reclamó Magdalena.

- Solo nosotros hemos podido tenerte. Recuerda las pisas que te daba tu tía adventista, que viendo que no pudo dominarte,  te dejo con nosotras. - Le dijo madre Elizabeth.

- Esa solo es adventista por conveniencia - dijo Inés.

Madre Magdalena respiro profundo y le dijo - Tendrás a tú hijo y nosotros te ayudaremos.
 
TRES MESES DESPUÉS.
- Madre Magdalena, convenza a Inés para que se case conmigo.

- Tú sabes que ella es muy joven. Ella no tiene idea de lo que es el matrimonio y tienes que aceptar que no  te quiere. 

- Yo soy el padre de su hijo y la amo. Madre yo quiero casarme con Inés. - replicó  él llorando. 

- Me gustaría ver a Inés casada contigo, pero no puedo influir en ninguna de sus decisiones - Dijo madre Magdalena.

El se retiró.

CINCO MESES DESPUÉS.

- Inés, ¿Te gustaría salir a dar un paseo con nosotros? - insistió la madre del que le había dejado embarazada. 

- ¿Dónde?
- Iremos a una clínica. 

- ¿Para qué?
- Es necesario que tú no tengas aquel niño.- Insinuó ella. 

- ¿Qué opina  su hijo al respecto?
- Yo soy su madre, y él tiene que hacer lo que yo diga. Además... ¡La que tiene el dinero soy yo! - dijo en tono altivo. 

- ¡La que tiene el bebe soy yo! - Dijo Inés altivamente..
- Pero niña...¡ Recuerda que eres pobre!  Tu hijo no tiene ningún futuro. 

Mi hijo no se va a casar contigo.  El esta  en segundo año de Jurisprudencia en la Universidad Católica y cuando sea Abogado tendrá que casarse con una chica  de su misma condición social - dijo presumiendo
.
- ¿ Y quién le ha dicho que yo me quiera casar con su hijo? - preguntó Inés en tono airado.  

NUEVE MESES DESPUÉS

- ¿ Reconoce a este niño como hijo suyo? - preguntó el juez a el supuesto padre.
- No - dijo fríamente él. 

- ¿Reconoce a esta mujer?
- No - Contesto de nuevo. 

- ¿Cómo que no? - Se escuchó un grito en el salón y de pronto se oyó el sonido de una cachetada.  Era la mano de Inés que chocaba contra la mejilla de aquel con el cual había convivido por dos meses.

- ¡Para que te acuerdes de mí desgraciado! - le dijo Inés furiosa y él tan solo llevó su mano a la cara y guardo silencio. 

- ¿Reconoce a madre Magdalena? - Le preguntó el juez.
- No - Respondió él.

- ¡Nunca vi a un hombre llorar por una mujer! - dijo madre Magdalena asombrada y dirigiéndose hacia él continuó: - Pero tú lloraste por Inés - Le dijo tomando su brazo.
 
- No queremos tu dinero, tan solo queremos tu apellido para  que tu hijo no sufra. Nosotros nos encargaremos de todo.  No  le hará falta nada. 

No tengas miedo- le dijo madre Magdalena.

- ¡Yo a usted no le conozco! - El dijo  firmemente.
- ¡Usted es un cobarde! - dijo despectivamente el Juez. 

- Lastimosamente no hay nada qué hacer - dijo el Juez a madre Magdalena.
- Llevará tan solo el apellido de su madre - dijo madre Magdalena. 

- ¿Cómo se llama? - preguntó el Juez.
- Francisco Javier- dijo Inés.

QUINCE DÍAS DESPUÉS...

- Inés, hasta cuando vas a entender que con la vida ajena no se juega -
Reclamó madre Magdalena. 

- El es mi hijo - dijo Inés.
- El es tu hijo, pero tú no eres propietaria de su vida.  ¡Míralo! Casi lo matas... 

- Salí a buscar trabajo - dijo Inés agachando su cabeza en gesto de humildad. 

- Hija. ¿Qué te hace falta aquí? - le preguntó madre Magdalena desconcertada.
Inés agachada no contestó y tan solo se mordió los labios y lloró.

- El niño esta débil - dijo madre Elizabeth.
- Mira, no tiene fuerza ni en su cuello - dijo Magdalena a Inés. 

- No pude darle de comer - dijo Inés llorando.
- Mientras que aquí si hay comida.- le reclamó Elizabeth. 

- Podías haberlo matado. Quince días fuera del convento, no sé como los dos están vivos. - Dijo madre Magdalena. 

- Francisco, resiste - dijo Elizabeth.
- A pesar de tanto problema que ha tenido, se aferra a la vida - dijo Magdalena abrazando al niño.
- Madre Magdalena - dijo Inés. 

- ¿Qué? - respondió Magdalena mientras adulaba al niño.
- ¿Usted quiere a Francisco? - le preguntó Inés. 

- Sí. Lo amo...
- Se lo dejo. - dijo Inés y se retiro de la habitación.
 
CINCO AÑOS DESPUÉS


- Francisco, vamos a casa, soy tú madre...
- Tú no eres mi madre.- Respondí.
- Yo soy tu madre - insistió Inés. 

- Ella es mi mamá - dije señalando a madre Magdalena y todas las monjas lanzaron una carcajada. 

- Es inútil que trates de convencer a Francisco - dijo madre Elizabeth a Inés.
- Pero yo soy su madre - dijo Inés. 

- Madre es la que ama, no la que da a luz. - dijo Elizabeth.
- Yo amo a Francisco, el problema fue que en ese momento no tuve dinero. - reclamó Inés. 

- Pero Francisco se ha criado con nosotras - le dijo Magdalena. 

- ¡Vamos! - me ordenó Inés y ese momento corrí hacia madre Magdalena y la abracé fuertemente.

- Inés, ¡Deja al niño aquí!. Contigo no tiene ningún futuro y va a sufrir mucho. Nosotros ya hemos comprado sus útiles escolares, él ira al jardín con las madres Doroteas, luego estudiará en alguna escuela Católica y en la Universidad estudiara con mi hermano Marco.

- Yo también puedo darle ese tipo de educación.- afirmó Inés muy segura de sí misma.

- No te engañes. Con el estilo de vida que llevas, de ti no verá nada bueno. Y tú no tendrás paciencia para educarlo. - le dijo Elizabeth.

- Al paso que va, cuando sea grande Francisco será guerrillero - Dijo madre Magdalena riéndose.

- Tiene un carácter muy fuerte. Se parece al tuyo y gracias a Dios no salio igual que el cobarde de su padre - dijo madre Elizabeth dirigiéndose a Inés.

- Chao Francisco, muy pronto vendré a visitarte - me dijo Inés y medio un beso.

- Chao - me despedí.



EL RAPTO

Una tarde estaba jugando en el jardín de la casa y arribó la camioneta de la comunidad.

- ¡Sube! - Ordenó el chofer. Al notar que no le hice caso dijo: 

- Madre Magdalena te espera donde el dentista.

Al ir por la carretera vi el letrero del "Holiday in". Luego tomamos otra vía y me di cuenta que no íbamos hacia donde el dentista.

- ¿Dónde vamos?
- Ya te dije que a donde el dentista - Contestó él. 

- El dentista no está tan lejos. 

- Madre Magdalena decidió tomar un dentista en Quito.- dijo el chofer molesto.

Llegamos  a una casa grande y entré corriendo para ver a madre Magdalena. En el interior me encontré con una pareja  que estaban sentados en un sillón y un hombre con terno y corbata estaba sentado detrás de un escritorio. Este ordenó con la mirada al chofer que se vaya.



- ¡Llévenselo! - Dijo él a la pareja.

Los dos se levantaron del asiento y aquel desconocido me agarró fuertemente del brazo y me haló. Sentí que el terror invadió mi ser.

- ¡Quiero ver a madre Magdalena! - Grité.

- ¡Jamás la volverás a ver! - dijo aquel hombre y me llevó hacia la calle agarrando fuertemente mi brazo. Yo casi iba arrastrado mientras pataleaba.

- ¡Quiero ir al convento! - Grité constantemente.

Ella me trataba de calmar, pero él seguía agarrándome fuertemente de mi brazo.
- ¡Quiero ver a madre Magdalena! - Grité.

- Te he dicho que a esa monja ya no la volverás a ver más - Dijo él enfurecido y me marcó apretándome fuertemente con sus brazos para evitar que escapara.

- Quiero ver a mi madre Magdalena - les dije llorando  pero ellos no me hicieron caso. 

La gente que pasaba a nuestro alrededor, me observaba extrañada.

- ¡Es un hijo malcriado!  No nos obedece - les dijo él y ellos se alejaban creyendo que era su hijo.

Seguimos caminando hasta tomar un taxi. Mis gritos ya se volvieron súplica. 

Mis gritos, eran constantes, mi terror aumentaba cada vez más. 

El seguía actuando fríamente mientras ella seguía tratando de calmarme.

- Cuando lleguemos a casa te doy un helado - me decía.

- Yo no quiero un helado, quiero irme a mi casa - le grité.


Llegamos a una casa pequeña, ellos me pidieron que beba agua para tranquilizarme. Acepté.
Sentí que mis ojos pesaban y me quede dormido.

PREFIERO SER ALCOHÓLICO QUE MARICÓN

- ¡Todo en este lugar es tan diferente! – Exclamé  al abrir los ojos al siguiente día y constatar que mi pesadilla no había terminado. Estaba tan lejos de aquella casa grande, con jardines, vacas, perros en la que yo jugaba y que tenía varias monjas que me amaban.

- Hola Francisco - Saludo ella.
- ¿Dónde estoy?
- En tu casa
- Esta no es mi casa.
- Desde ahora la es, porque nosotros somos tu familia. 

- ¿Y las madres?
- Ellas no tienen dinero para mantenerte - dijo él.
- Y además su función no es ser mamás - dijo ella. 

- Yo soy Alfredo y desde ahora seré tu padre.
- Yo soy Gulnara y seré tu madre. 

- Somos tus padres adoptivos - dijo él. 

- Tu madre, la que te tuvo en su barriguita, desapareció - dijo ella tratando de explicarme al ver mi gesto de no entender nada. 

- Mi mamá es Magdalena -  aclaré. 

- Ella no es tu madre, ella es monja. Las monjas no pueden tener hijos - dijo Gulnara riéndose. 

- Desde ahora tienes que olvidarte que viviste en un convento- dijo Alfredo.
- A nadie digas que viviste con monjas. Eso es malo - dijo ella

- No hables con nadie que hayas conocido en aquel lugar - me ordenó él, mientras ella me aclaró.
- No digas a nadie que eres hijo adoptivo. Eso es mal visto.

- Un hombre te cuidará, mientras estemos fuera - me dijo Alfredo y al ver mi cara de espanto continuó.
- Este es un mundo nuevo para ti, por lo tanto no confíes en nadie. Ni en mí misma - enfatizó ella.

- Con nosotros aprenderás buenos modales y etiqueta - dijo él.
- Y la mejor herencia que te podemos dar es la educación y  enseñarte a trabajar - dijo ella. 

- Iras a estudiar donde los mercedarios - dijo orgullosamente Alfredo.
- ¡No! - Reprochó inmediatamente Gulnara. 

- ¿Por qué? - preguntó Alfredo.
- En ese colegio estudian los hijos de las vendedoras del Ipiales y yo no quiero eso para mi hijo.  El estudiará en la Academia Militar Ecuador y luego será Militar de Profesión. 

- Los militares no piensan. El tiene que ser doctor - dijo Alfredo. 

- Quiero volver a mi casa - grité.

Al escuchar mi grito, Alfredo me lanzó un trompón fuerte en la nariz que  me botó hacia el suelo.
Asustado empecé a llorar y sentí que Alfredo con su mano me daba una cachetada.


- ¡No llores! - Me amenazó mientras que Gulnara vio callada la escena y no hizo nada por defenderme.
- ¡Aprende la primera regla! - dijo furioso. 

- ¡Respetaras a tus padres y no les alzaras la voz! - Y  mirándome fijamente a los ojos dijo: - La segunda regla es "No llorarás porque tan solo los maricones lloran" - respiró profundo y dijo - Prefiero verte muerto a que seas maricón.

- Ja, ja, ja....- Rió Gulnara.
- ¿Y a ti qué te pasa? – Preguntó él al ver su risa sarcástica. 


- Con el alcoholismo que tienes, el que morirá primero serás tú - Dijo ella con un fuerte  gesto de desprecio en su rostro. 


- Prefiero ser alcohólico antes que maricón.- Dijo él con actitud prepotente. 


- Tú no eres un hombre completo - Le reclamó Gulnara - Hablas de maricones mientras que no puedes tener hijos.  Si no dejas  el alcohol, desde ahora iré preparando  tu funeral - dijo Gulnara. 


- ¡Ojala que se muera! - pensé interiormente.

RELACIONES TÓXICAS

CUATRO AÑOS DESPUES

- ¡Alfredo! - pronunció Gulnara.

Alfredo regresó a ver y notó que su esposa estaba sentada en el asiento de atrás. Inmediatamente quitó el brazo de la chica con la cual él estaba observando  la película, se levantó de su asiento e inmediatamente desapareció.

- ¡Alfredo! -  Le llamó la chica asustada al ver que él se iba. 

- ¡Tranquila mija! -  le dijo Gulnara poniendo su mano en el hombro de aquella joven.

- ¿Quién es usted? - preguntó ella con voz temblorosa.
- Soy la esposa de Alfredo. 

- ¿La esposa? - preguntó  extrañada.
- Sí, soy la esposa. 

- ¡Este me engaño! - dijo ella furiosa.
- Ya somos dos - dijo Gulnara y pidió a la chica que le acompañe.

En el lobby del Teatro Bolívar Gulnara le preguntó:
- ¿Qué edad tienes?
- Dieciocho - contestó. 

- No te parece que eres demasiado joven para andar con un hombre de treinta y cuatro.
- El amor no tiene edades - respondió muy segura. 

- Pero tiene límites - dijo Gulnara en gesto señorial.
- Yo no sabía que él era casado - dijo ella disculpándose.

- También tiene un hijo - Le aclaró Gulnara.

La chica llevó sus manos a la cabeza y le dijo muy consternada.

- Señora, le pido mil disculpas, pero él me dijo que  era soltero. Señora yo tengo mis principios y jamás me hubiera metido con un hombre casado.

La chica se puso a llorar y sus manos empezaron a temblar. Gulnara le tranquilizó.

- No te preocupes, no te hecho la culpa...
- ¡Soy una imbécil! - Renegó - Ese idiota me ofreció matrimonio - dijo la chica. 

- ¿Cómooo?  

La chica le enseño su mano a Gulnara y llevaba un anillo de compromiso en su dedo.

- ¡No lo puedo creer! - dijo Gulnara.
- Pues vaya creyendo... 

- ¿Cómo no llegaste a sospechar que Alfredo era casado, si pasaba con nosotros los fines de semana? 

- El me dijo que poseía una camaronera, que todos los fines de semana tenía que viajar allá y los lunes siempre me traía dos libras de camarones.

Gulnara no sabía si estallar de las iras o lanzar una carcajada.



TRES  HORAS DESPUÉS ...

Estaba escondido detrás del sofá viendo como volaban las cosas que Alfredo y Gulnara se lanzaban.
- Yo compré esto - dijo Alfredo y tomó los platos tendidos de una vajilla. - Pero nada quedara contigo - amenazó y lanzó los platos hacia el aire.

- ¡Maldito desgraciado! - dijo ella y empezó a lanzarle todos los floreros que encontraba a su alcance. Alfredo protegía con sus  brazos y dejaba que los floreros reboten en su cuerpo y caigan al suelo.

- Lamento el haberme casado con una pobre como vos - Gritó Alfredo.

- Pero gracias a Dios tuve buena educación, me gradué en uno de los mejores colegios de Quito - gritó ella y le lanzó un cenicero con odio y desprecio.- La que debería lamentarse soy yo - Dijo ella afligida - Me case con un longo que además lleva el apellido de un indio famoso que le encanta hacer el papel de víctima...

- Nosotros nunca hemos sido pobres. Si él por sacar fama se queja,  no es mi asunto y por eso te casaste conmigo, porque soy longo de plata - le dijo él.

- Me case contigo, pero esto se acabo... 

- ¡Se acabo! - dijo él y lanzó toda la vajilla por los suelos.
- ¡Se acabo! - me dije a mí mismo recogiendo los pedazos regados por los suelos. 


- Me voy a vivir con mi tía Rosa - dijo Gulnara.
- ¡Lárgate! … mientras yo haré los papeles del divorcio - Gritó él.

TODA ACCIÓN GENERA UNA MALA REACCIÓN

- ¡Rasquetea bien el piso! - Ordenó Rosa y empecé a mover más mi pie apretándolo fuertemente con el rasqueteador.

- No, es así - dijo ella y deje de rasquetear. 

- ¡Rasquetea el piso con la mano! - ordenó. 

- Puedo hacerlo con el píe - Replique con voz asustadiza. 

- ¡No me respondas! Hijo bastardo - gritó ella y me  lanzó un chirlazo.

Me arrodille y empecé a rasquetear con la mano. 

- ¡Más duro!  - Ordenó ella. - Quiero ver que te salga sangre por las manos. ¡Hijo del demonio! - Me dijo despóticamente mientras me pateaba en el estómago.


- Gulnara, ¡Vámonos de aquí!, Rosa me trata mal - Le supliqué. 

- No puedo hacer nada.

- ¿Por qué?
- Nosotros estamos aquí de arrimados.



Al rato el teléfono sonó y Rosa contestó. Al escuchar lo que le dijeron, empezó a dar alaridos de dolor y saltar como una loca,  tan solo repetía -  ¡Mi  hijo!, ¡mi hijo!, mi hijo...

- ¿Qué pasó? - le preguntó Gulnara asustada.
- ¡Mi hijo!, ¡mi hijo!, mi hijo... y seguía saltando, gritando y llorando como una desesperada que no sabe explicar lo que le pasa.

Mientras Gulnara trataba de tranquilizarla, tomé el teléfono.

- ¿Que pasó? - Pregunté tratando de fingir una voz adulta.
- Es usted familiar del Sr. Alvaro Dávila. 

- Sí - Hemos encontrado el cadáver del Señor en el Río Guayabamba, tiene cinco balazos, sospechamos que fue asesinado por la mafia. Necesitamos vengan a reconocer el cadáver. 

- Para allá vamos - dije  y cerré el teléfono.

Veía como Rosa lloraba por su hijo y me dio pena por él, pero me alegré al ver a Rosa en tal estado crítico.  Dios le había quitado lo que ella más quería. Pero a pesar de este incidente ella jamás se daría cuenta de lo que pasa cuando una persona anida males en su corazón. Toda acción genera su reacción.

DIOS, TEN COMPASIÓN DE MI Y LLÉVAME...YA NO AGUANTO ESTE SUFRIMIENTO



Al poco tiempo Alfredo se sintió mal y hubo que hospitalizarlo.

-          No te preocupes, pronto saldré de aquí. - me dijo.



SEIS MESES DESPUÉS...

- Francisco, ¡Perdóname por todo el daño que te he hecho! - me pidió Alfredo en el lecho de su agonía. 

No le dije nada.  

- ¡Cuida de tu madre, la casa y mis libros! - me dijo en tono suplicante. Pero otra vez no hable. 

- Los libros son los mejores amigos del hombre - me dijo y tomo  mi mano.

- Sabes, cuando uno anda en borracheras y tiene dinero, uno tiene muchos " amigos", pero cuando caes en desgracia, te enfermas y no tienes dinero, los únicos buenos amigos que tienes son los libros. - me dijo y de pronto  se dio un retorcijón. Su cara se arrugo y él apretó los dientes tratando de aguantar el dolor, pero no soporto. El dolor fue tan fuerte que Alfredo se arrodillo, junto sus manos y en posición de oración sobre la cama y gritó...

- Dios, ¡Ten compasión de mí!, ¡Ten piedad de mi!, ¡ Por favor llévame que ya no aguanto este sufrimiento!


Yo también oré con él en silencio.

- Dios, es preferible que este hombre se muera, él hace más bien estando muerto que vivo.

Al siguiente día, Dios, o quien quiera que haya sido. Escucho nuestra oración

¡QUE BUENO QUE ERA EL MUERTITO!


- ¡Qué bueno que era el finadito! - dijo un amigo de copas de Alfredo. 

- No había hombre más inteligente en la familia que él - dijo hipócritamente Rosa mientras que yo sabía perfectamente que Alfredo no fue nunca de su predilección. 

- ¡Excelente amigo! - dijo un compañero de borracheras.

Luego en la Iglesia no había donde poner un pie. El discurso del cura fue el típico.

Nos hizo recuerdo de la vida eterna y que si no pertenecíamos a la Iglesia nos vendría el castigo divino,  enfatizó en el dolor causado por la muerte y se paso alabando a un muerto a a quién jamás conoció.

- ¡Padre ejemplar!, ¡hombre honesto!, ¡marido fiel!, ¡cristiano ejemplar!  etc, etc, etc.
- Y este ...¿De quién está hablando? - Me pregunté  

- ¿Y  Dónde estuvo estovo toda esta  gente cuando él estuvo enfermo? - me seguí preguntando.







Al enterrarlo llore y Alejandra, la hermana de Gulnara vino hacia mí y me dijo - No llores Francisco, todo ira mejor.

- No lloro por él, lloro por lo que me va a pasar. - fue lo que pensé en mi interior. - Nadie llora por el muerto. La gente llora por sí mismo.

¡BÚRLATE DE LAS ADVERSIDADES!



- Francisco ya esta inscrito en la "Academia Militar Ecuador" - dijo Gulnara orgullosamente a su familia un año después de la muerte de Alfredo. 

- Pero, ¿Con qué dinero le vas a mantener? - preguntó preocupada su madre.
- Con el de la herencia. - Dijo Gulnara y continuó. 

- Antes de que Alfredo muera, él me dijo que al morir él, yo  sería millonaria.
  Todavía tengo que pelear por esa herencia. Es por eso que inscribí a Francisco en la Academia.
  De esa  manera la familia de Alfredo verá que estoy invirtiendo el  dinero en él y el resto será mío.



- Francisco, este es un gran sacrificio que hago yo por ti. Por Dios... ¡Compórtate! Conserva siempre los buenos modales y en el comedor guarda siempre la etiqueta. Vas a estudiar con los hijos de las mejores familias del país. - me dijo Gulnara al dejarme en la Academia Militar Ecuador el primer día de clase.



Estaba en el equipo de atletismo y llegábamos siempre tarde al comedor. Ese día sirvieron arroz, con menestra de fríjol y un huevo duro. Sentado frente a mí estaba un cadete de cuarto curso que era  velocista. Tez blanca, cejón, pelo negro y ojos profundamente negros. Al hablar notaba que tenía los dientes más blancos y perfectos de todo el colegio.

- Pablo, lanza una cáscara al idiota del Javier - le dijo su amigo.
- Yo lanzo a quien me dé la gana - le dijo él

Pablo tomó una cáscara de plátano y la lanzó sobre mí y regrese a ver que caía en la cabeza de otro que estaba comiendo en otra mesa. El afectado regresó a ver inmediatamente y yo volví inmediatamente mi cabeza hacia el plato.

Pablo fingió estar comiendo  y disimuladamente veía hacia la otra mesa.

- ¡Le di Julio!, le di - murmuró emocionadamente al oído de Julio
- Le diste al desgraciado del Javier.
- Ya te dije que yo lanzo a donde quiera - le dijo Pablo. 

- Te creo, pero esta vez le lanzaste justamente a  la cabeza del Javier - le dijo su amigo.
Pablo me regresó a ver como comía - ¡Al diablo con la  etiqueta!, aquí todos somos unos salvajes.
- ¡Que alivio! - Me dije a mí mismo y suspire,  pero noté que algo faltaba en mi plato y regrese a ver a todos los lados, incluso debajo de la mesa. 

- ¿Qué le pasa? - preguntó el brigadier que controlaba el comedor al ver mi actitud de búsqueda. 

- No asoma mi huevo - le dije y mientras que  los que estaban alrededor mío  apretaron los labios. 
Pablo y Julio me quedaron mirando fijamente,  y yo tan solo veía que ellos trataban de contener sus ganas de reírse.

- Si no  lo sabe donde lo tiene… ¡Es mejor que se lo agarre! - me dijo aquel brigadier y se retiro.
Todos lanzaron una carcajada. Pablo y Julio no podían contener su risa mientras miraba fijamente a los ojos de  Pablo sin reírme para nada. 

Pablo dejó de reírse. Respiro profundo y llevo sus manos hacia las entrepiernas y saco el huevo.

- Toma, aquí está tu huevo.

Julio lanzó una carcajada, mientras que los otros callaron.  Tome de su mano el huevo y me dijo: - Todo lo tuyo es mío  y todo lo mío, no es tuyo...

Otra vez Julio lanzó otra carcajada...

- ¡Usted queda castigado por quitarle el huevo!, y ¡usted queda castigado por dejarse quitar! - ordenó el brigadier que estaba justo detrás de Pablo.

El jamás se dio cuenta que un brigadier estaba a sus espaldas. Pablo tuvo que decir Adiós a las carcajadas mientras que Julio tuvo que respirar profundo para contener su risa.

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- ¡Par de hijueputas! - dijo despóticamente el brigadier en el patio. - tener que quedarse castigados por un huevo... ¡Extiendan los brazos! - Ordenó.

Nosotros pusimos nuestros brazos en posición horizontal.

- Se quedan en esa posición hasta que ordene lo contrario - dijo aquel  brigadier y se retiró.
Gotas de lluvia empezaron a caer y al ver hacia el cielo veía que un fuerte aguacero se aproximaba.

- ¡Maldición! - Exclamé.
- ¡No maldigas! - dijo Pablo - ¡Disfruta! 

- ¿Disfrutar? , ¿Acaso no te das cuenta que estoy castigado por tu culpa? - Le reclamé. 

- Jamás eches la culpa a nadie de tus desgracias. Tú tienes la culpa por ser despistado- Me dijo retándome con su mirada y sus ojos negros que se clavaban directamente sobre los míos.

- Bueno, entonces yo tengo la culpa de este castigo -  dije molesto.
- No estés molesto, ¡Disfruta! - me dijo - ¡Búrlate de las  adversidades!

- ¿Cómooo? - pregunté enfadado - Me tienen parado aquí, los brazos me duelen, esta lloviendo y además me dijeron que soy hijueputa... 

- Nos dijeron - aclaró él mientras su mirada se suavizo y se rió.
 
- ¡Qué bobo eres!
- Además de sentirme culpable, ya me hiciste sentir tonto. 

- ¡Estira los brazos! - me dijo y los estiré.
- Pon las palmas de las manos hacia arriba - Ordenó suavemente e hice lo que él me pidió. 

- ¡Alza tu cabeza y cierra los ojos! Siente como el agua moja tu piel...

Sentí como la lluvia mojaba mi rostro y regresaba a ver a Pablo y veía su rostro lleno de felicidad al sentirse  mojado por la lluvia.

- ¡Es tan bueno ser hijueputa! - dijo él.
- ¡Es tan bueno ser hijueputa! - dije yo mentalmente.

Y los dos nos quedamos en silencio sintiendo  la lluvia mojar nuestro rostro. 




Regrese a ver el rostro dulce de Pablo y por un momento, sin explicarme el porqué, sentí  un nudo amargo en la garganta.

¿ACASO NO HAS ENTENDIDO EL LENGUAJE DEL SILENCIO?


- ¿Por qué faltaste ayer? - me preguntó Pablo enfadado.
- Me enfermé contesté. 

- ¡Mientes! - me dijo enfáticamente. 

- De tanto disfrutar el castigo, me dio un fuerte resfriado.
- ¡Mientes! - volvió a repetir enérgicamente. 

- Me eche la pera - le dije.
- Lo sabía. - me dijo él 

- ¿Cómo lo sabías?
- Algún día lo aprenderás...





Después de dos meses de vacaciones, volví a la Academia. A la hora del recreo me senté en la grada que justamente daba a la puerta de la tesorería.  Pablo vino y se sentó junto a mí, pensé que los dos charlaríamos mucho sobre todo lo que hicimos en vacaciones, pero no fue así.

El no pronunció ni una sola palabra. Los dos pasamos viendo el ir y venir de los cadetes y me incomode.
- ¡Pablo!, estamos media hora  juntos y tú no me dices ni una sola palabra - le dije molesto.

El me regresó a ver y suspiró.- ¿Acaso no has entendido el lenguaje del silencio? 

- No - respondí y  regresé a ver al movimiento de los cadetes. El puso su mano en mi antebrazo y me dijo  - Basta con que estés junto a mí, ya me  siento feliz.




Estaba en tercer curso de la Academia y Pablo llegó a ser brigadier.

- ¿Cómo te va? - me preguntó un día.
- Bien. 

- ¡Mientes! - me dijo en tono cortante y baje mi cabeza.
El puso su brazo sobre mi espalda y me abrazó.

- Francisco, cuando pelees con tu madre, recuerda que  te  quiero. Ya no te amargues la vida por esa mujer. Yo siempre  estaré junto a ti.

- ¿Siempre?

- Siempre - respondió él.

viernes, 30 de mayo de 2014

SI MI PADRE SE ENTERA QUE SOY HOMOSEXUAL, PREFIERO ESTAR MUERTO

Estábamos entrenando con los del equipo de fondo. Pablo estaba  en la pista de cien metros porque era velocista. Una joven muy bella, tez blanca, pelo y ojos negros, se parecía a la actriz mexicana Talina Fernández,  entró hacia la cancha. 


Y de pronto, la típica conversación de machos:
- ¡Esta buenota! - dijo Juan Carlos. Un cadete de mi curso que estaba junto a mí.
-¡Esta ricota! - dijo otro cadete. 

- ¡Pues ni se les ocurra vacilarla porque esa mujer ya tiene dueño! - Exclamó Mateo. Un guayaco que era interno en la Academia.

- ¿Cómo? - preguntó Juan Carlos y noté que Julio se puso nervioso. 

- Esa mujer es la esposa del brigadier que está corriendo como loco por allá. - y Mateo señalo hacia Pablo.

Ese momento sentí como si un balde de agua helada hubiera sido vertido sobre todo mi cuerpo.

- Finge que no sabes nada y corre – me susurro  Julio. 

- ¡Eres un desgraciado!, no me dijiste nada - le reclamé. 

- Pablo me lo pidió.- dijo Julio mientras corría.
- El me dijo que era su hermana.
- Ja,ja,ja...  ¡Que incestuoso resulto el tuyo!...Su hermana está embarazada.-  dijo Julio y salió corriendo. 

- ¡Diez vueltas a la cancha a un 75%! - me ordenó el entrenador de atletismo.

Llegué a la meta, caí de rodillas, lleve mi cabeza hacia el suelo y la tape con mis manos.

- ¡Dios mío dame fuerzas! - Pedí al creador, me levanté, caminé y ví a Pablo con su compañera.
   Al verme, Pablo abrazó orgullosamente a su supuesta hermana.
   Seguí caminando fingiendo no haber visto nada. Pablo me siguió con su mirada.

- ¡A este no le vuelvo a hablar más en mi vida! - le dije a Julio.

- No hace falta, los dos casi nunca se hablan -  dijo él alzando sus hombros como si no le importara. 

- ¿Qué te pasa? , te veo pálido - me preguntó Javier que venía cerca de nosotros.
- Nada, estoy cansado  - respondí respirando por la boca constantemente. 

- ¡Yo sí tengo un problema! - me dijo respirando profundo.
- ¿Cuál? - preguntó Julio.
- ¡Soy homosexual!- contestó secamente.

Todos dejamos inmediatamente de caminar.

- ¿Y qué? - le dijo Julio alzando sus hombros.
- Si lo comprueba mi padre… Me mata - contestó Javier asustado. 

- Pues no se va a enterar. A menos que tú se lo digas.- le dijo Julio.
- Ya lo sabe. 

- ¿Cómo lo supo? - pregunté admirado.
- Me escuchó hablando por teléfono con mi novio.

- ¿Comooó?, tienes apenas quince años y tienes novio -  dijo Julio asombrado.
- Francisco tiene mi misma edad y tiene novio también. - dijo Javier 

- ¡No tengo novio! - respondí inmediatamente
- No te hagas - me dijo Javier riéndose.
- No tengo ningún novio - Recalqué. 

- Es cierto, él no tiene ningún novio - aseveró Julio.
- Francisco, yo sé que tú y Pablo se aman - me dijo Javier poniendo su mano sobre mi hombro.
- ¿Cómo lo sabes?
- Los homosexuales hablamos con la mirada - dijo Javier.

- Ya entiendo porque le caes mal a Pablo...
-  Yo no le caigo mal a nadie - me dijo Javier reclamándome.

-  No importa, pero gracias a una cáscara de plátano en tu cabeza, conocí a Pablo.
-  ¿Noto algo en mi?
-   Nada, solo que le comías con tu mirada..

- ¿Notaste algo raro en mí? -le preguntó Julio preocupado.
- Sí. 

- ¡Estamos cagados! - dijo Julio regresándome a ver. 

- No, nadie se dio cuenta, excepto yo. La forma en que te comunicas con Pablo es formidable - me dijo Javier rodeando su mano por mi cintura. 

- ¿Y ahora qué harás con tu padre? - le pregunté.
- ¿Qué harías si tu madre se entera? - me preguntó Javier. 

- Prefiero estar muerto.
- Lo mismo pienso yo. - dijo Javier.




En la misa de funeral todos estábamos cantando:

- Madre una flor, una flor con espinas es bella, madre un amor,
un amor que ha empezado a nacer...

Como siempre, en aquella frase, Pablo me regresaba a ver...



Al finalizar la misa nos acercamos a dar las condolencias.

- Gracias por asistir al funeral - Nos dijo el Padre de Javier a mí y a Julio. 

- No hay de que. - le dije haciendo una venía.
- ¡Era un buen atleta! - dijo Julio apenado. 

- Lastima que no supo limpiar bien el rifle - dijo su padre consternado. 

- Al limpiar el gatillo, la bala salió disparada y lo mató. - Respiró profundo y nos dijo:
- ¡Fue un accidente! - vio hacia el suelo en gesto de pena y se retiró.

Julio y yo nos regresamos a ver y él me preguntó con sus ojos cual era mi opinión.

- Fue suicidio. 
- ¡Brujo! - me dijo y bebió su copa de vino.